Las familias populares resienten el duro golpe a la economía, con la escalada de precios de la canasta básica, el desempleo y la pérdida del poder de compra con la disminución a la mitad del salario de los trabajadores, que se traduce en bajas ventas en los mercados, plazas y tianguis de la ciudad.
“El salario de mi esposo no alcanza para comprar una canasta básica completa, de ganar 1,500 pesos a la semana, antes de la pandemia y ahora solo gana 750 pesos, tenemos que comprar mucho menos de todo”, expuso la ama de casa Magdalena Martínez.
Las familias tienen que pagar agua, luz, gas, transporte, comida, y no hay trabajo en donde paguen mejor, porque las empresas están al 30 o al 40 de su capacidad de producción y de empleo, igual que en los comercios y en los mercados, señaló José Eugenio Ibarra comerciante del Descargue Estrella.
“Aquí vienen nuestros clientes y nos platican su situación, porque piden compran medios o cuartos de kilo de jitomates, cebollas, chiles, limones, papas, calabacitas, fruta y piden el pilón, o que les fiemos, lo cual no podemos, porque vamos también al día, con las bajas ventas”, expresó.
No han aumentado tanto los precios de los productos, lo que pasa es que la gente tiene un muy bajo ingreso económico de 500 a 800 pesos semanales, en el mejor de los casos, porque hay quienes están desempleados y dependen de algo de ayuda de sus hijos a cómo pueden apoyarlos, dijo la comerciante Angelina Ramírez.
Los únicos precios que aumentaron en esta semana son los del chile serrano que se disparó de 18 y 20 pesos a 30 pesos el kilogramo y el del aguacate de buena calidad que subió de 60 a 80 pesos el kilogramo, aunque hay de mala calidad, o casi ya echándose a perder, a menor precio, indicó.
El frijol pasó de ser un producto bueno y barato a un alimento de lujo, el de mayor consumo que era el frijol peruano cuesta 40 pesos el kilogramo, el pinto a 30 pesos, el peruano blanco a 36 pesos, el frijol flor de junio a 30 pesos, el negro en oferta a 26, para que salga pronto, porque casi nadie lo consume, no tienen la costumbre en León como en la Ciudad de México que es el de mayor preferencia, expuso el comerciante José Luis Jiménez.
En el Mercado Aldama, la señora Gabriela Pérez, dijo que su esposo lo recortaron en la fábrica de calzado, ahora es machetero, o sea, lo que le cae de trabajo en la casa de uno o dos talleres, mientras consigue otro empleo en fábrica para seguir pagando el crédito del INFONAVIT y tener Seguro Social.
“Compramos todo a medias o menos, a cómo vaya alcanzando los 800 a mil pesos que gana por semana mi esposo y bien matado en la chamba y sufrido porque en ocasiones no llegan las macheteadas, como él dice y sala a buscarlas, hay veces que solo gana 500 pesos a la semana”, dijo.




