La estación de ferrocarril, ubicada a unos cuantos pasos del Parque Hidalgo, permanece como un recuerdo del León del Siglo XIX.
Hoy no es lo que fue hace unos años, su importancia sólo está en la memoria de la gente de la zona y los registros históricos.
Hasta la década de 1980, el ferrocarril leonés bullía en actividad. Alrededor de la estación había decenas de comercios, que en cuanto terminó el auge de los vagones de pasajeros, fueron extinguiéndose hasta desaparecer.
Uno de los pocos negocios que todavía persisten es el Bar Buzos. Allí, Raúl Andrade, quien desempeña el puesto de encargado, recuerda:
“Se acabó el tren de pasajeros y con él muchos negocios. Este bar es uno de los más viejos de León, debe tener como mínimo unos 80 años”.
José Franco, quien vive por la zona y asiste a dicho bar, recuerda cómo era León de los 60 y 70, la zona del ferrocarril era una de las más concurridas, junto con la presa del Palote.
“La gente llegaba y compraba lechugas mientras esperaba la siguiente ruta del tren. De allí que a muchos de la ciudad se les conocía como lechugueros. Las rutas llegaban hasta Ciudad Juárez”.
Por desgracia -evoca Franco- el sistema de trenes de pasajeros se empezó a volver obsoleto con el tiempo.
Con el surgimiento de las autopistas, y con la caída del negocio tras el Gobierno de Zedillo, el tren sólo se usó para cargamento y no pasajeros.
Hoy en día pocos son los negocios que quedan por la zona, y la estación que data del Siglo XIX está vigilada por autoridades federales.
Actualmente, muchos de los ex trabajadores del ferrocarril viven en las casas aledañas.
SE LA LLEVÓ EL TREN
De acuerdo con los documentos del Archivo Histórico Municipal en
relación a la Historia del transporte público en León, que abarca desde el tren, pasando por tranvías hasta llegar a las actuales orugas, fue en la década de 1890 cuando, gracias al auge económico del porfiriato, se dio la posibilidad de ampliar las vías ferroviarias en todo el país, aunque los trenes ya existían mucho antes.
La llegada del ferrocarril en 1882, facilitó la importación de maquinaria e insumos que ayudaron a la evolución de la curtiduría, la manufactura del calzado y el ramo textil, que sentaron la base económica de la ciudad.
El ferrocarril se popularizó en México desde el Siglo XIX. Pero el organismo público descentralizado conocido como “Ferrocarriles Nacionales de México” se desarrolló de manera amplia durante todo el Siglo XX.
Sobre la historia de esta importantísima empresa mexicana que marcó el pasado siglo, se puede consultar el libro ‘El descarrilamiento de un sueño’ de Historia de Ferrocarriles Nacionales de México 1919-1949, de Arturo Valencia Islas.
No fue sino hasta 1995 cuando Ernesto Zedillo advirtió la privatización de Ferrocarriles Nacionales de México. Finalmente, durante el sexenio de Vicente Fox Quesada fue puesta en liquidación.




