miércoles, septiembre 2, 2026
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“Rusiagate” y otras puertas.

El escenario de un juicio político al mandatario estadounidense comienza a formar parte de los análisis de los grupos financieros y genera una mayor incertidumbre en torno a su agenda política, sin embargo, esto podría beneficiar al mercado mexicano.
Watergate fue para Nixon, lo que ahora Rusiagate es para Trump. Ha causado un gran escándalo, ya que el gobierno (Trump) se ha caracterizado por la ineptitud, el pobre manejo de las relaciones públicas (internacionales) y con la prensa.
Hay importantes similitudes entre los sucesos ocurridos en 1973 y los de 2017. Ambos presidentes cesaron a los fiscales especiales para la investigación en relación con los escándalos. Nixon cesó al fiscal en el caso Watergate y Trump despide a James Comey director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI por sus siglas en inglés) encargado de la investigación sobre la participación con el Gobierno ruso.
El término Watergate empezó a abarcar, entonces, una gran variedad de actividades clandestinas e ilegales en las que estuvieron involucradas personalidades del gobierno estadounidense presidido por el presidente Nixon. Estas actividades incluían el acoso a opositores políticos y a personas o funcionarios considerados “sospechosos”. Nixon y sus colaboradores cercanos ordenaron el acoso a grupos activistas y figuras políticas, utilizando para ello organizaciones policiales o servicios de inteligencia, como al FBI, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o al Servicio de Impuestos Internos (IRS). El escándalo destapó múltiples abusos de poder por parte del gobierno del entonces presidente Nixon, que se saldó con la dimisión de éste como Presidente de los Estados Unidos en agosto de 1974.
Ahora en Estados Unidos con el gobierno de Donald Trump, los registros telefónicos y llamadas interceptadas muestran que miembros de la campaña presidencial del actual presidente y otros de sus asociados tuvieron contactos reiterados con funcionarios de inteligencia rusa en el año previo a la elección de 2016 (New York Times). De comprobarse el nuevo escándalo que involucra al presidente estadounidense, Donald Trump, y Rusia, sería mucho más grave que el caso de Nixon.
La situación que enfrenta el Gobierno de los Estados Unidos ha tenido un seguimiento por la prensa de ese país siendo la mayoría de los medios de comunicación de tendencias progresistas. Un estudio de “American Journalist” refleja que sólo el 7 por ciento de más de mil periodistas encuestados se identifican como “republicanos”, frente a un 28 por ciento de “demócratas” (el resto dicen ser “moderados”).
Los medios como, The New York Times, The Washington Post, CNN, NBC, ABC y CBS, dan una cobertura detallada, citan a expertos barajando la destitución del presidente o cuestionando sus capacidades mentales. Los medios conservadores cuentan una historia diferente, por ejemplo, sobre la destitución de Comey.
Todos en mayor o menor grado estamos dando seguimiento a estas noticias y otras que acontecen en el resto del mundo. Las reacciones de diversos mandatarios y personajes en las relaciones con el presidente de Estados Unidos, etc.
Opinamos, reprobamos, comentamos, al igual que lo que la prensa trasmite en relación a la situación que impera en Venezuela. Lo vemos como una especie de diversión, algo que otros padecen.
Tenemos una venda selectiva en nuestros ojos y mente que permite “ver” lo que sucede. Sí, lo que sucede fuera de nuestro país pero no lo que ocurre en él.
Aquí, no pasa nada, solo entendemos que hay inseguridad, crimen organizado, o unas personas muy malas llamadas huachicoleros que roban gasolina de nuestra honorabilísima paraestatal PEMEX, en varios lugares como Puebla, Celaya, Salamanca, Celaya, León y que nadie (¿?) se había dado cuenta que esto sucedía.
Pobre de Pemex tan cerca de los huachicoleros y tan lejos de la honestidad.
Así, nos dejamos llevar por noticias, desatendemos otros asuntos relacionados con los fraudes perpetrados por diversos gobernadores para evadir nuestra vilipendiada Constitución y las leyes que de ella emanan.
Mientras los políticos se frotan las manos haciéndonos creer que realmente lo hacen por México.
¿Qué pasaría en nuestro país si en verdad se aplicaran las leyes y se castigaran todos esos malos manejos, corrupciones, desfalcos, fraudes y robos de los gobiernos pasado y presentes?
Todas esas mentiras, encubrimientos y traiciones. O que las investigaciones realizadas por la prensa publicaran las evidencias como lo hacen en otras partes del mundo sin acoso o asesinato de periodistas.
¡Claro!
No estaríamos en México.
Nos encontraríamos en un sueño de esos imposibles o en un universo paralelo en donde nada de esto ocurre.
Pero en estas elecciones y las que siguen los mexicanos volverán a votar (los que acudan a las urnas), por los mismos partidos; ya sea porque les dieron un soborno, porque los obligaron o simplemente porque creen que van a cambiar o porque sencillamente no interesa el cambio.
Watergate, Rusiagate, Francia, Alemania, Venezuela eso sí pero……
Casa Blancagate, Pemexgate, Peñagate, Duartegate, Ayotzinapagate…etc
¿Aquí?
¡Hasta la próxima!
Comentarios: dr_rethcuel@yahoo.com

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