¡A mí me encanta la ropa mexicana!
Me deslumbra la increíble variedad de sus colores, las combinaciones de los mismos; me asombra la magia de sus bordados a mano (y aún los de máquina, que aunque no parece, también implica dominio de la técnica) y la perfección con la que los realizan, usando muchas veces solo la memoria para realizarlos, o simplemente un dibujo con lápiz… y lo digo, porque muchas veces he visto a nuestras indígenas y mestizas, haciéndolos ante mis propios ojos: una de ellas, en la plaza principal de Oaxaca, con la luz del alumbrado público, rodeadas de sus chiquillos.
Me maravilla lo creativo de sus diseños, como muchos de ellos son ancestrales y tienen significados prehispánicos, como otros, toman temas o técnicas más modernas para ir enriqueciendo a los anteriores. Me deja pasmada como pueden representar en ellos, nuestras costumbres, nuestros bailes, nuestra fauna, nuestra flora… real o imaginaria. Me sorprende, lo arduo de ellos, las horas y días que dedican a hacerlos, ¡cuánto de ellas mismas plasman en sus obras de arte, que cuando te las pones, puedes sentir hasta su energía!.
Me fascina la variedad de los materiales que usan: manta, terciopelo, algodón, chaquira, articela, seda, lana, hilos, estambres, plumas, telas hechas por ellas mismas en telares de cintura o de madera. También me impacta la variedad de técnicas que utilizan: bordados de punto de cruz, de relleno, unos deshilados de ensueño, que parecen hechos por las hadas; de trenza, de punto atrás, de “hazme si puedes”, nudo francés, festón, pata de gallo, lanzado, satinado, unidos hábilmente con tejidos a gancho o en agujas… encajes hechos con el hilo anudado que no le piden nada a los de Brujas.
Me embelesa cómo pueden variar tanto, los del sur o norte de México, pero también de un pueblo a otro… por ejemplo, en Oaxaca, puedes encontrar de Amuzgo (con el hilo del dibujo metido en el telar y queda como dentro de la tela), de Tacuate, del Istmo, San Antonino o de Huazolotitlán, por decir algunos.
Me da mucho gusto que nuestros jóvenes diseñadores mexicanos estén aprovechando estas cualidades de nuestra gente y sus obras de artesanía, para crear diseños increíbles, porque muchas veces, lo que les falta es un corte diferente, poquito diseño o mejor calidad en los materiales para ser auténticas obras de arte que puedes portar con todo orgullo y que causan sensación en otros países más que entre nuestros paisanos, ya que, tristemente, lo aprecian más. Igualmente, hay asociaciones como “Fomento Cultural Banamex”, “La compré” en la que participa Agnes Villasante de Juárez, “¡Ay, Güey!” y otras, que estimulan en este sentido.
Así que mi propuesta es esta querid@s lector@s: que todo septiembre como parte de nuestro mes patrio y como apoyo a nuestra identidad cultural y a nuestra economía, usemos Ropa Mexicana… creo que con este tipo de acciones nos sentiremos ¡más orgullosamente, Mexicanos!.
MARI AGUADO DE CUADRA.
León, Gto., a 8 de septiembre del 2018.
P.D. ¡Dios mío, qué tristeza que el asesinato del Dr. Gerardo Macías haya sido por dinero! ¿Cuánto vale una vida humana? ¿qué puede ser más valioso que un excelente ser humano?.




