jueves, septiembre 3, 2026
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REZA POR MÍ. (PARTE II)

Rezar es curar las heridas, restañar los arañazos, superar el daño que te han hecho.  Pasar página y empezar de cero.  Perdonar las ofensas y también, pedir perdón.

Y sobre todo, tener gratitud.  Rezar es dar las gracias por vivir y por lo que la vida te ha dado.  Es despertarse con las ilusiones renovadas.  Aferrarse desesperadamente a lo inmaterial.  Acordarse de lo que en verdad importa, y relativizar todo lo demás.  Es establecer las prioridades, poner en orden los papeles de tu mesa, buscar la trascendencia, pensar a lo grande.

Rezar es desconectar y apagar el móvil.  Es introspección en la sociedad del exhibicionismo.  Es relajarse y calmar los nervios.  Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir.  No es sólo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura.

Rezar es razonar, aunque parezca lo más irracional que haya.  Es la mente funcionando como cuando juegas un partido de tenis.  Es planificar y anticipar las jugadas.  Es abstracción en los tiempos de lo concreto y lo material.  Es pausa en un mundo excitado.  Es calma cuando todo es ansiedad.  Y es aburrido en la dictadura de lo divertido.

Rezar es una forma extrema de independencia, una actividad casi contracultural, lo más punki que se puede hacer una tarde de domingo.  Es la forma más radical de practicar mindfullness, tan pasada de moda que cualquier día se volverá extraordinariamente cool.  Rezar podría computar como horas de trabajo para los empleados públicos, pero no sirve porque es una práctica antisistema, sin reconocimiento alguno del establishment.  Tan políticamente incorrecta que la gente oculta que reza como esconde la tripa para la foto.

 Rezar es un placer oculto, que se reserva para la intimidad.  Un acto privado, y casi a escondidas, que, cuando se hace acompañado, necesita de cierta oscuridad y mucha, mucha, confianza.

Rezar es desnudarse y abrir tu alma a la persona con la que rezas.  Y es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos.  Es derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti.  Rezar es tener  a otros en tus oraciones y estar en las oraciones de otros, que es mucho más que estar sólo en su memoria.  Rezar, y sobre todo, que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida.  Un privilegio inmenso.  Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti.   ¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una Madre, un hermano, un hijo, (un nieto) o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y que esté siempre contigo?

Rezar es tener fe.  Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios.

Rezar es la maestría de niños y Abuelos.  Y es un súper poder que nos predispone al bien.  Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.”

¡Está increíblemente hermosa! ¿Verdad?

El título también me recordó la santa humildad del Papa Francisco, que siempre pide: “Recen por mí”.

desdemihogar@hotmail.es

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