Se ha dicho con frecuencia que en las intenciones de reformar la educación, se tiene como objetivo primordial, a los infantes. Empero, la realidad nos muestra rezago abismal en otros factores que deben ser tomados en cuenta para la educación integral. Los padres de familia, o los encargados de los infantes, no deben ser sólo proveedores, sino objetivo de una educación, ampliada a toda la sociedad.
Los infantes están al alcance de cualquier preocupación por la educación. Los profesores se convierten con frecuencia en actores tan importantes que hacen olvidar a los menores. El maestro de grupo padece las consecuencias en los rezagos políticos, económicos y sociales. Pero hay un actor en el que no muestra interés el legislador y que por marginación creciente, se ha convertido el elemento abandonado. Los padres de familia o si se quiere, quienes responden ante el Estado de que los menores en edad de acudan a las aulas.
Para que la educación alcance rangos de integralidad, es conveniente que sus objetivos comprendan a la sociedad en su conjunto. La capacidad de los órganos del Estado para cumplir y hacer cumplir la ley, muestran fracasos por acción y omisión de políticas públicas ausentes a la hora de evaluar la adhesión de la conducta social a los valores.
Descuidada la institución fundamental de la sociedad o habiendo evolucionado a formas de organización distintas, la autoridad se manifiesta, cuando lo hace, en forma de violencia entre quienes conviven, ausentes del objetivo toral de intentar que los valores alcancen vigencia tal, que propicien la paz en el seno de convivencia que fue la familia.
La escuela, otra importante institución en revisión constante, con reiterados fracasos, ha involucionado hacia la guardería, desde el jardín de niños a la educación media superior. Los padres de familia o los sucedáneos, se conforman con que les “cuiden” a sus hijos mientras trabajan.
Los cierto es que los encargados de los menores, han de someter su conducta a una ley que les obligue a capacitarse para el cumplimiento de tan importante labor; o en caso contrario, crear una institución del Estado que cumpla con el objetivo toral de la educación, que consiste en contribuir a la formación de la persona desde el nacimiento hasta su realización como ciudadano responsable de las instituciones.
Es loable que miles de gentes luchen en defensa de la vida; pero igualmente habrán de preocuparse porque la existencia transcurra en el cultivo de los valores; porque la vida suceda dignamente y todas las personas tengan posibilidad de acceder a una vida honesta, en un ambiente donde los hijos puedan convivir sin riesgos, en el seno de una sociedad creciente.
Reeducar a la sociedad para tal fin, es un objetivo insoslayable; si bien es una tarea titánica, no obstante, habrá de emprenderse sin demora.




