lunes, agosto 31, 2026
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¿Realmente somos más los “buenos”?

Tus valores definen quién eres realmente. Tu identidad real es la suma total de tus valores

Assegid Habtewold

La delincuencia está desatada desde hace un buen número de años y desafortunadamente nos hemos acostumbrado a vivir en un ambiente de inseguridad y zozobra sin importar la zona del país donde nos encontremos. Dentro de este lamentable entorno se oyen muchas voces en contra de los actos cometidos por los criminales y ante la impotencia por ver cómo crecen los delitos de pronto se oye decir una frase que pretende ser una bandera del consuelo: “los buenos somos más”.

Ante todo lo que acontece a diario, secuestros, asesinatos, asaltos, robos, extorsiones, etc., etc., etc., hay quienes manifiestan que los buenos somos más. En el sentido de que la mayoría no asesina, secuestra y todo lo demás, podría aceptarse, pero autodenominarse “buenos”, porque no somos delincuentes es aventurado. Es cierto, no somos asaltantes, pero muchas veces las acciones y actitudes de la gente tampoco serían para darles el título de “buenos”.

En una ocasión caminaba en compañía de familiares, esperamos a que un semáforo nos diera el “siga” y cuando así ocurrió dimos unos pasos para cruzar la calle, de pronto tuvimos que retroceder rápidamente porque un automovilista no hizo caso al rojo que le marcaba el semáforo y por poco nos arrolla, al pasar el carro alcancé a decir que era nuestro paso, a lo cual el conductor todavía tuvo oportunidad de asomarse por su ventanilla para insultarme. De no haber regresado a la banqueta corriendo cuando el chofer hizo caso omiso al alto el automóvil nos hubiera golpeado, quién sabe con qué consecuencias para nosotros, y todavía se dio el lujo de ofenderme.

Una persona me platicó en una oportunidad que estando presente en un colegio de gran prestigio observó una situación que le llamó la atención. Un trabajador de la escuela abrió una de sus puertas para que entraran una señora con su hijo, alumno del plantel. Al acceder el niño le dio las gracias al señor, acto seguido su mamá le señaló disgustada que él no tenía que darle las gracias, que esa era la obligación del empleado.

Pero no sólo es en nuestra ciudad o nación que se dan todo tipo de cosas. Encontrándome en Guatemala un señor que caminaba por la banqueta de pronto cayó desvanecido al suelo, solicitamos ayuda, pero nadie se detenía a auxiliar, continuaban caminando como si nada pasara, únicamente esquivándolo, como si se le diera la vuelta a cualquier objeto. Justo al otro lado de la calle había un hospital, pero se negaron a recibirlo porque dijeron que era particular y luego qué tal si nadie les pagaba, incluso había enfermeras que se asomaban a las puertas del nosocomio para ver lo que ocurría sin ir en ningún momento a prestar asistencia. Un compañero logró hablar por teléfono a un sitio de emergencias y de rato llegó una ambulancia, la que lo trasladó por fin a algún lugar para que recibiera atención médica, ignoro qué sería de él, pues mientras permanecimos a su lado no recobró el conocimiento.

Cuando dicen que los buenos somos más, qué debemos entender por “buenos”, qué abarca, tal vez que no somos asesinos o no transgredimos la ley de forma “grave”, pero, ¿eso nos hace “buenos”?

A diario se viven cualquier cantidad de situaciones en las que se demuestra que los valores han decaído enormemente, uno de los factores para que ello ocurra es la familia misma, que ha dejado de inculcarlos en muchos casos. Se ha perdido ese respeto que existía hacia los mayores, las groserías de un buen número de alumnos a sus maestros es común y no pasa nada, es más, los mismos padres de familia solapan a sus vástagos. No son pocos los fallecidos por la irresponsabilidad de los conductores y tampoco pasa nada. La indiferencia hacia el señor tal vez infartado fue notable, es el breve relato acerca de un desconocido para nosotros, pero si hubiera sido nuestro hijo, hermano o padre, qué hubiéramos sentido ante esa indolencia de los transeúntes. Y así podríamos continuar con más ejemplos, porque sobran, donde los valores se han desvanecido. Está bien, no somos secuestradores, pero, ¿eso nos hace “buenos”?

Mientras no se retomen valores como el respeto, la solidaridad, la honestidad, etc., la sociedad continuará con gestos negativos, alejados de lo que debe ser una sana convivencia. La decisión está en cada uno de nosotros.

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