jueves, septiembre 3, 2026
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Querida Mari…    O Elena, como ahora te gusta que te digan…

              Te escribo esta carta para festejar ¡¡tu primer Día de las Madres!!  Hija, ¡¡1000 felicidades!!, ya iniciaste la aventura más maravillosa que puede existir en la vida de cualquier Mujer: ¡¡Ser Madre!!.

         De verdad que es increíble ése hermoso don que Dios nos regala para ser co-creadores con Él.

         Siempre se los dije, pero hoy te lo repito: todo, absolutamente todo lo que puede uno batallar al ser Mujer, como es la menstruación, los cólicos, los dolores de cabeza, los cambios de humor y, dirían algunas feministas, la discriminación o la vulnerabilidad… todo, vale la pena por sólo sentir en tu vientre una vida moviéndose… una vida surgiendo.

         Y ya luego se completa ese “todo” al ayudarlos a nacer, al amamantarlos, al cuidarlos, al verlos sonreír o que te reconocen… que se parecen a ti o aquél a quien tanto amas…y poco a poco, tu vida se está llenando de una serie de pequeños detalles que la van formando y que le van creando un nuevo sentido.

         Ya te empiezas a preocupar y a ocupar en el futuro, te preguntas qué es lo mejor para ella; dudas, te cuestionas, te pones de acuerdo con tu pareja… comienzas a comprendernos un poco más a tus Papás… juzgas, disfrutas, pones límites, te ríes, te enojas, te emocionas… lloras de felicidad y de preocupación… te duele su dolor, te alegra su risa… ¡bienvenida a la aventura de la Maternidad!.

         ¿Qué te puedo decir, mi querida Chiquilla?  Tú me iniciaste en este camino de ser Madre… tú fuiste ése primer mejor regalo que nos dio Dios después de la Vida… creo que te empiezas a dar cuenta de todo el significado que esto tiene…

Y ahora, como si esto fuera poco, ¡me regalas la increíble gracia de ser Abuela! ¡No tengo palabras para agradecerte a ti y a JuanFer! Se me pone la piel chinita y los ojos se me llenan de lágrimas al darme cuenta del gran milagro que esto implica… es una cadena de Vida, de Amor y coincidencias (o Dioscidencias) que empezó con nuestros ancestros, tatarabuelos, bisabuelos, abuelos, padres, nosotros, los consuegros, ustedes, y ahora, Elenita.

         ¡Nunca soñé, siquiera, con ser Abuela! ¡Nunca lo imaginé… y es algo tan fascinante!

         Ver este pequeño ser que, además de estar viva y saludable, es la combinación perfecta de ustedes dos, como diría tu tía Ana… que se parece a ratos a ti, a ratos a su Papá, a ratos a los Abuelos… ¡qué además nos sonríe y hace gracias!…¡Ah, Buen Dios, esto es el paraíso aquí en la tierra!

desdemihogar@hotmail.es

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