Para mí, Anspac, ha significado un gran cambio en mi vida: para mí, hay un antes y un después de Anspac.
En febrero del año 2002, hace 17 años, por sugerencia de las Sras. Beatriz Gracián de Vega y Angélica Valencia de Vega, iniciamos Anspac Grupo Cuadra.
Y eso, ha significado unirme y reunirme, valorar y revalorar más a mi mamá, Mari Malvido de Aguado, y a mi hermana, Lulú Aguado de García, para crear, junto con Adriana Aranda de Vallejo, un GRAN equipo que creo que está poniendo su granito de arena en hacer de nuestro querido México, un mejor lugar.
Ha significado caminar al lado, no arriba, no abajo, sino al lado, hombro con hombro, con un grupo de mujeres y hombres que estábamos buscando un significado más profundo, más solidario, más auténtico de la vida.
Ha significado aprender en cada clase algo nuevo, algo en qué reflexionar, algo qué analizar, algo que estoy haciendo mal… o que estoy haciendo bien.
Ha significado que el día que creo que mis problemas empiezan a ser demasiado grandes, me doy cuenta de que hay gente que tiene las cosas aún más complicadas, y, sin embargo, sigue adelante, sonriendo y asiste a las clases dando lo mejor de sí.
Ha significado aprender de todos y de cada uno de nuestras alumnas y alumnos… también de los maestros y maestras… aprender de sus errores, de sus triunfos, de sus experiencias de vida, de sus luchas, de sus dudas…
Ha significado darme cuenta de que existen otras realidades diferentes pero no por ello, menos valiosas, interesantes y significativas y que me han enriquecido enormemente.
Ha significado que yo, que creí que iba a “dar algo”; terminé recibiendo MUCHO más de lo poco que di: recibí lecciones de experiencia, de esperanza, de esfuerzo, de vida…
Ha significado darme cuenta que el cambio real, el verdadero cambio, toma mucho tiempo, no uno, ni dos ni cinco años… o treinta, que son los años que lleva Anspac en nuestro querido León.
Ha significado que cada martes de 10 a 12 pm, y los miércoles de 5 a 7 pm, en Cuadra, llegamos a un lugar sagrado donde nos encontramos a un grupo de mujeres fuertes y cariñosas, que nos ayudamos, nos apoyamos, nos escuchamos, nos defendemos y luchamos a brazo partido por nosotras, por nuestros hijos, por nuestros esposos, por nuestras familias y por México.
Ha significado ver a las personas, como si fueran unas plantas hermosas, únicas e irrepetibles, irse abriendo, planificando, empoderandose, descubriendo su verdadero yo, transformándose hasta lograr sus sueños… sueños que creían olvidados.
Ha significado darme cuenta de que la superación personal, siempre resulta comunitaria; que los católicos estamos haciendo algo para bien de todos; y que la espiritualidad le devuelve su dignidad y magnificencia al ser humano.
Ha significado sentir que Dios me puso, o mejor dicho, nos puso en este mundo para llevar a cabo esta misión en especial: tomados de la mano, como el logotipo de Anspac, lograr crear un pedacito de cielo, aquí en la tierra.



