
La directora general del CECyTEG, Mtra. Esther Angélica Medina Rivero, calificó como absurda la implementación de la prohibición de comida chatarra en escuelas de nivel medio superior, al señalar que la medida no ha dado resultados y ha generado conflictos tanto dentro como fuera de las aulas.
Promover una alimentación saludable en escuelas de nivel medio superior se ha vuelto inviable sin el respaldo de las familias, así lo manifestó la directora general del CECyTEG.
Desde marzo inició la prohibición de la venta de comida chatarra en todas las escuelas del país, como parte del programa Vida Saludable del Gobierno Federal. La directora señaló que esta iniciativa le parece adecuada para educar a niños de preescolar, y educación básica; sin embargo, en el caso de los alumnos de nivel medio superior, la medida no ha tenido resultados positivos.
Comentó que incluso algunas madres de familia han reclamado porque no se les venden ciertos productos a sus hijos, lo que provoca que salgan a la calle a buscar lo que están acostumbrados a consumir, exponiéndose a riesgos como comprar alimentos alterados o incluso no regresar al aula.
Por ello, consideró absurdo implementar esta norma en estudiantes de media superior y superior, ya que afirmó los jóvenes están acostumbrados a una alimentación poco saludable y resulta difícil reeducarlos. Agregó que la situación ha provocado que algunos alumnos lleguen con mochilas llenas no de útiles escolares, sino de productos ultraprocesados para vender, convirtiendo las aulas en tianguis.
A pesar de que el reglamento escolar prohíbe expresamente la venta de productos entre estudiantes, esta práctica ha generado inconformidad y conflictos con el personal educativo.
«Realmente, no tuvo sentido esto. No estamos controlando nada ni se está mejorando su alimentación. Yo creo que lo pueden hacer en educación básica con mucho apego e interacción con padres y madres de familia», expresó.
Finalmente, Medina Rivero subrayó que los cambios en los hábitos alimenticios deben comenzar desde el núcleo familiar, ya que si en casa se refuerzan conductas poco saludables como acompañar la comida con refrescos en lugar de agua, es prácticamente imposible modificarlas desde la escuela.




