Después de una ardua espera, la vacuna Pfizer llegó para todos los adolescentes de 15 a 17 años. Uno de los muchos puntos de inoculación fue el centro Comercial Mulza, ubicado por Bulevar Aeropuerto, a la salida de León.
De acuerdo con la información de la doctora Jocelyn Muñoz, en el lugar hubo 15 brigadas de vacunación, 900 sillas, 16 mil 980 dosis, comenzando de manera formal a las 8:00 de la mañana con un 80% de ocupación.
El estacionamiento de Mulza se convirtió en un centro de vacunación, donde los médicos, las sillas, las y los enfermeros y los elementos de la Guardia Nacional se dieron a la tarea de atender a las y los jóvenes que aguardaban por su dosis. Mientras tanto, los padres de los muchachos se daban una vuelta por el centro comercial, repleto de adornos navideños.
A diferencia de otros periodos de vacunación, donde imperaba el silencio y la seriedad, los jóvenes no dejaban de hacer bromas, mientras que los galenos también los tranquilizaban.
“Póngame de una vez las dos dosis, una en cada brazo”, decía un muchacho entre carcajadas. “Ándale, tú no te pongas nervioso, aprende a tu compañera”, comentaba una de las enfermeras, y al momento de inyectar, remataba su comentario: “Puedes llorar… ¡lo que no puedes es moverte!”
Después de un rato de silencio, los médicos llevaron una bocina, y la música comenzó a sonar durante el primer día de la jornada de vacunación, haciendo más ligera y llevadera la espera.
Ángel Ramírez fue uno de los cientos de jóvenes vacunados en la zona de Mulza. Llegó desde la colonia Valle de los Pinos, saliendo de su casa desde las 5:00 de la madrugada.
Actualmente, estudia el bachillerato, y ahora que la pandemia está quedando atrás, tiene como su plan de educación superarios estudiar Mercadotecnia.
Fernanda Alonso fue otra de las muchas jóvenes que por fin pudieron vacunarse. Sus padres la llevaron al punto de vacunación.
Ella estudia el quinto semestre y quiere prepararse, una vez concluido el bachillerato, como piloto aviador.
Hoy seguirá la vacunación.




