Seguramente alguna vez habrá comido frijolitos confitados. Sí, esos frijolitos chiclosos que vienen en una enorme variedad de colores y sabores. Algunos son verdaderamente buenos y otros poseen un sabor bastante desagradable. Sin embargo, lo divertido es meter la mano a la bolsa, sin mirar, y probar el sabor del siguiente dulce que sacaremos. Quizás una bolsita de estos frijolitos confitados sea lo más aproximado a una fotografía del mosaico político que se está conformando, rumbo a la jornada electoral del primero de julio de este año. Una bolsa repleta de individuos que se han unido, pertenecientes a partidos de distintos colores e ideologías, de la cual saldrá un resultado agradable o detestable.
Cada partido político en México, está sustentado sobre una plataforma ideológica distinta. De acuerdo con la Real Academia Española, ideología, es un conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso, político, etc. Si estas ideas fundamentales de una persona coinciden con la ideología de un partido político, se puede establecer una relación armónica entre ambos. Si dos partidos políticos comparten algunas de estas ideas fundamentales, podría llegarse a una coalición coherente, ya que los fines que persiguen ambos institutos políticos son similares. Sin embargo, cuando deciden aliarse fuerzas políticas opuestas, lo que saldrá como consecuencia, sin duda será caótico.
Ya lo dice el artículo 41 de nuestra Carta Magna, los partidos políticos tienen como finalidad, promover la participación de los mexicanos en la vida democrática del país, y hacer que estos accedan al ejercicio del poder público, de conformidad con los programas, principios e ideas que postulan. No obstante, lo que estamos viviendo parece no tener ningún sentido. De cara a las elecciones presidenciales, se conformaron tres grandes bloques. El primero conformado por el PRI, el Partido Verde y por Nueva Alianza; el segundo integrado por el PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano; y el último, que tiene como integrantes a MORENA, el PT y el Partido Encuentro Social.
Curiosamente, algunas de estas combinaciones resultan completamente antinaturales, porque los partidos políticos que conforman las coaliciones, postulan ideas opuestas en muchos de los temas estratégicos que nos aquejan. Por supuesto que esto nos lleva a concluir que, lo verdaderamente importante, es competir por el poder, dejando de lado las ideologías de partido, y dejando en el olvido el texto del 41 Constitucional. El espíritu de estas alianzas no está en posibilitar a los ciudadanos el ejercicio del poder público, conforme a principios claros y fundamentados, sino de buscar acomodar a los mismos nombres que hemos escuchado por años, en los distintos puestos a los que se puede tener acceso.
Si lo ilógico de las coaliciones no fuera suficiente, hay que agregar un grado de complejidad mayor a la fórmula, al añadir a aquellos militantes de algún partido que, por diversas razones, deciden brincar a otro instituto político. Uno de los últimos casos fue el de la Senadora panista Gabriela Cuevas que, después de criticar duramente por años a Andrés Manuel López Obrador, ha decidido que el político tabasqueño representa el cambio que el país necesita; abandonando las filas de su partido, para buscar una candidatura a una diputación plurinominal con MORENA.
En fin, el primero de julio sacaremos de la bolsa el frijolito que tendremos que comernos; y su sabor durará por seis años. El frijolito será azul y amarillo con lunares anaranjados; rojo con azul y morado; o verde, blanco y rojo, con tintes azulados. Así es la política de los frijolitos confitados.
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