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PAYASOS EN TIEMPOS DE COVID-19

La pandemia por el Covid-19 ha provocado que detrás del maquillaje, las bromas y las narices rojas de decenas de personas, que se dedicaban a hacer reír a los leoneses, se esconda la preocupación de tener algo que comer sobre la mesa de sus familias.

Un hombre de entre 50 y 60 años de edad aproximadamente quien no quiso mencionar su nombre a casi diario se le observa por las calles del centro cargando un muñeco de ventrílocuo fabricado con sus propias manos.

Su muñeco que es parecido a un títere les pinta una mueca distorsionado en su rostro tratando de simular una sonrisa a los pocos peatones que caminan alrededor de la Zona Peatonal de la Zona Centro.

José Carlos Alejandro Sánchez Monroy también conocido como «Carlos, Neto y Titino” fue la inspiración para que él hiciera su muñeco en donde aprendió a hacerlo en una cantina donde trabajaba su madre.

Al acercarse a él se puede apreciar a simple vista la esperanza que guarda debajo de su maquillaje, cubrebocas y de su nariz roja de payaso.

Súbitamente el payaso suelta un chascarrillo mientras estira la mano de su muñeco acompañada de una tímida carcajada.

Relata que han pasado ya 2 semanas desde que el títere se ha vuelto su único compañero.

Su esposa murió y siendo payaso es la única forma en la que busca ganarse la vida de forma honrada y de llenar el gran vacío que el fallecimiento de su esposa le ha dejado.

La soledad es lo que más duele, sin embargo, no es lo único que lo lastima ya que la incertidumbre económica que vive se agudizó después de pagar 16 mil pesos para un entierro digno de su esposa.

Así como él, otros payasos sufren por la pandemia y tienen que pedir dinero en los paraderos de los bulevares para sobrevivir ellos y sus familias en casos arriesgando sus vidas.

Tal es el caso del payaso Tuky, él tiene 30 años dedicándose a eso y nuca había vivido una situación económica tan complicada desde que tiene memoria.

Relata que lo difícil de no tener un trabajo fijo y de aventurarse a salir a los paraderos de los bulevares, por ejemplo del López Mateos esquina con la calle Apolo (donde regularmente está) es que se expone a que pueda recibir un golpe de los autos, al incandescente y agobiador rayo del sol y a veces a las gotas de la lluvia que pueden estropear su maquillaje.

Él carga un cartel de colores fluorescentes que dice “Ayúdenos por favor tenemos 2 meses sin trabajar” y va pidiendo a los conductores y pasajeros de los autos una moneda a cambio de una nariz roja ‘de payaso’.

Contó que se ha topado con todo tipo de personas, las que lo apoyan, las indiferentes y hasta las que le hacen comentarios negativos; sin embargo cree que los buenos son más.

Al ser jefe de familia, él tiene la responsabilidad de llevar algo que comer a la mesa de su hogar y por eso busca seguir transmitiendo risas a pesar de que esté preocupado.

Hasta el día de hoy no ha tenido ningún acercamiento gubernamental con las autoridades. Sin embargo, en otras ciudades del país los payasos participaron en campañas de concientización con mensajes como “Que no te cargue el payaso” en medio de la pandemia por el Covid-19.

Así como ellos dos, hay decenas de payasos que se quedaron sin laborar en los salones de fiestas, en las celebraciones infantiles o incluso los que montaban sus shows en la Zona Peatonal del Centro Histórico, como el tradicional payaso ‘rueditas’ que actualmente se les observa también en diversos paraderos de la ciudad tratando de ganarse la vida y tener algo que comer.

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