miércoles, agosto 26, 2026
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OPERADORES, LOS OTROS HÉROES

El trabajo de un operador de camión urbano en tiempo de contingencia por el Covid-19 exige muchos cambios y varias medidas a implementar como usar cubrebocas, exigir a los pasajeros su uso, aún con los camiones saturados en horas  no se pude exigir la Sana Distancia, como soportan el calor y los largos recorridos.

Carpio y Lara son dos conocidos conductores de urbanos en la ciudad, ya que llevan varios años manejando camiones y trasladando personas de un lugar a otro durante largas jornadas de recorridos por calles y bulevares.

Los dos choferes son muy amigos pero tienen turnos y rutas diferentes, aunque los dos platicaron cómo han cambiado sus rutas con la pandemia y ambos coincidieron en que tratan de protegerse usando cubrebocas siempre al subir, manejar y bajar del camión.

Por un lado Carpio de  40 años, dijo que el todos los días trae su dispensador de alcohol en gel en su unidad y lo usa constantemente sobre todo por el uso de monedas y billetes y la interacción que puede tener con los pasajeros.

“No me cuido sólo yo, cuido a todos los que suben a mi camión y además a mi familia, ya que tengo tres hijos pequeños y una esposa que es muy meticulosa en esas cosas, no entro a mi casa si llego con los zapatos o la ropa que uso para el trabajo, al terminar mi turno me quito todo y lo meto en una bolsa para llegar a lavarlo con mucho pinol y que esté limpio al día siguiente”, dijo Carpio.

Comentó además que él si pide a todos los pasajeros que van a abordarlo en cualquier parada que usen su cubrebocas, incluso comenta que en una ocasión le tocó regalarle dos a una señora para ella y para su niño pequeño, ya que no traían y le urgía llegar a donde iba.

“A veces uno no puede exigirles porque la gentes se enoja, sobre todo los señores y las señoras mayores, los jóvenes casi todos andan tapados, con ellos no tengo problema, pero son los adultos los más tercos, la semana pasada una señora mayor se enojó y aunque no lo creas nos dio un bolsazo a mí y a una señora que cuando le dijimos que si traía cubrebocas se lo pusiera, se enojó un montón y hasta nos dijo de que nos íbamos a morir y pues se subió amenazando que la bajara si podía, ya lo que hicimos fue ignorarla porque con ellos no se puede poner uno al tú por tú”, comentó entre risas Carpio.

Aunque aclaro que es agotador su trabajo. Una por lidiar con algunas personas y otra por todas las horas que se pasa sentado, ya que entra a las siete de la mañana, luego tiene poco más de dos horas libres de 1:45 a 16:00 horas o y cuando sale hasta las nueve de la noche se siente satisfecho con lo que hace, ya que prácticamente ha entregado la mitad de su vida a conducir camiones urbanos en esta su ciudad natal.

Por otro lado, Lara es un conductor con menos años, él lleva tan sólo cinco años como ‘camionero’ -como él mismo se autonombra- de sus  32 de vida, dice que antes de entrar a este trabajo laboró de obrero en una fábrica de calzado, pero lo despidieron por un mal entendido y un tío suyo lo metió a trabajar con el primero como ayudante hasta que se animó, confió en él y habló con su jefe para que lo contrataran como chofer y al empezar le gustó, por eso sigue ahí.

Este joven conductor reconoció que al principio no se preocupaba por cuidarse ni cuidar a los pasajeros y que llegó a ignorar las recomendaciones que su patrón y su encargado le hacían hasta que le llamaron la atención y aun así, dijo, se le olvidaba, pero desde que le dijeron que lo iban a multar si no acataba las reglas carga su gel antibacterial en su mochila y lo baja a su camión y luego se lo vuelve a llevar en su casa porque dijo a él le cuesta, ya que comentó que la empresa no se los regala.

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