En la parte norte de la ciudad, subiendo un escarpado cerro, se encuentra la Comunidad del Ojo de Agua de los Reyes, un lugar que hasta el día de hoy se mantiene alejado de la mancha urbana, y es apacible y tranquilo.
Para llegar a la comunidad del Ojo de Agua es necesario tomar un camión que subirá una pendiente, una vez allí, el viajero se encontrará con un lugar muy diferente a la locura urbana de León y todos los municipios del corredor industrial. Se trata de un lugar donde sus habitantes se dedican a la tierra o bien, viajan hasta León para laborar en fábricas o trabajos de albañilería, mientras algunas de sus mujeres optan por quedarse en casa, dedicadas a las labores del hogar o bien, también trabajan para ayudar a la economía familiar.
Su población, como muchas zonas rurales, no es muy grande. De acuerdo con el INEGI, una población se considera rural cuando tiene menos de 2 500 habitantes, mientras que la urbana es aquella donde viven más de 2 500 personas.
En lo alto del cerro se encuentra la comunidad. Desde lo alto, es posible ver parte de León. La gente en la comunidad del Ojo de Agua de los Reyes lleva su vida con relativa tranquilidad: hay abarroterías, un camino de terracería (que es la única vía de acceso) escuela primaria, secundaria y una parroquia, la de San Pablo Apóstol, donde habitualmente la gente de León va a retiros espirituales. Hay, también, un balneario y un manantial por donde corre agua cristalina. A las faldas del cerro hay una pulquería y un temazcal.
Una de sus habitantes con más edad, es la señora Agustina de Santoyo que nació en 1938, un año antes de la Segunda Guerra Mundial. Ella se encarga de mantener en orden el templo, mientras que su esposo es el campanero, quien avisa de la misa. Ella ha residido allí toda su vida, y recuerda que sus padres le hablaban de la Guerra Cristera.
“En todo este tiempo ha cambiado mucho la comunidad. Cuando era niña no había nada, aquí era puro terrenal. Las fiestas aquí son el 12 de octubre y el 12 de diciembre. Nosotros nos encargamos de cuidar el templo”, dice la mujer quien, junto con su esposo, ha permanecido en el Ojo de Agua.
LA VIDA EN EL CAMPO
Miguel Reyes tiene medio siglo de vida y se dedica al campo. Conoce muy bien la historia de la comunidad, y la narra:
“El Ojo de Agua ha crecido con la ciudad, y poco a poco la urbanización se la está comiendo. Ha crecido con las gestiones pasadas, y ha mejorado el nivel educativo. Esta comunidad tiene más de 200 años de existencia, y ya tenemos primaria, secundaria y prepa abierta, a partir del programa de Miguel Márquez. Con el paso del tiempo ha crecido no sólo el terreno, sino el nivel de educación”.
De acuerdo con Don Miguel, el Ojo de Agua de los Reyes se comunicaba antiguamente en un camino real. En 1985, durante el sexenio de Miguel de la Madrid, mejoraron las comunidades y se hizo un camino para que hubiera mejores comunicaciones con León.
“La gente comenzó a bajar de la comunidad por la falta de empleo, y la necesidad de sustento. Pasó el tiempo. Hemos crecido mucho y todavía hay mucho que ver y hacer. Es un lugar donde todavía, la contaminación no nos ha pegado, y se puede mirar un paisaje repleto de cerros y montañas, y también un León que va creciendo”.
Abajo del cerro y la comunidad, en la colonia La Selva y la presa aledaña, desgraciadamente, la delincuencia y la inseguridad han ido en aumento.
DATOS
De acuerdo con la página del Consejo Nacional de Población, hay 196 mil localidades menores de 2 500 habitantes, con una población de 24.6 millones de habitantes, identificadas en el censo de 2000. De acuerdo con el documento “Programa Municipal de Desarrollo Urbano y de Ordenamiento Ecológico y Territorial de León” el Ojo de Agua está clasificado como “Valle intermontano”: depresiones aisladas y paralelas a los sistemas montañosos, que se ubican en la zona norte de León, insertos en la serranía.




