“A cada acción corresponde una reacción igual de sentido contrario”, dijo el científico inglés en una de sus leyes. Este fenómeno físico se ha comprobado en muchas ocasiones, pero la esencia de este postulado es vigente en nuestras vidas, en la política y la economía en general. No siempre la reacción es similar, sino en muchos casos el efecto es mayor. Con su permiso doy algunos ejemplos:
Cuando hay un desastre natural, terremoto o huracán el resultado es muerte y destrucción física, pero la reacción tanto positiva y solidaria como violenta e irracional también se deja venir. En 1985, 2017 y en otras tragedias se vieron ejemplos notorios de apoyo a damnificados, no sólo de las autoridades sino gran parte de la población. Hay videos memorables de búsqueda de heridos, excavaciones y entrega de muchos ciudadanos conscientes de la tragedia. Pero, desgraciadamente se presentó la reacción contraria con gente miserable que robaba en casas dañadas, saqueaba tiendas, no para abastecerse por hambre sino robar descaradamente objetos electrónicos y otros artículos no indispensables dejando sin empleo a mucha gente al quebrar esos negocios. Me guardo los ejemplos que se dan en todas partes, en países pobres y ricos. Esa reacción es trágica y la recordamos por mucho tiempo.
En el aspecto político el que un pueblo tenga que recurrir a manifestaciones violentas por razones válidas o no tanto, causa frecuentemente una reacción autoritaria y masacres, desembocando en dictaduras de todo tipo. El remedio resulta, a veces mucho más dañino que la enfermedad y todos perdemos.
Las dictaduras de cualquier signo son el resultado de la falta de visión y la arrogancia de los dirigentes, quienes, al imponer sus leyes y romper con las bases o la constitución vigente de manera arbitraria o ilegal provocan enojo, violencia y caos que, al ser reprimidos atizan más el problema. Una acción perversa provoca reacción similar y la sociedad en su conjunto pierde.
Existen múltiples ejemplos, como cuando la arrogancia de un presidente (Porfirio Díaz, Batista, Trujillo, Castro) y varios recientes provocaron devastadoras consecuencias que todos conocemos. El ejemplo de Salvador Allende y su propuesta pacífica y bien intencionada pero idealista de buscar mejorar la situación de pobreza extrema y desigualdad en Chile causaron, por una parte excesos de sus aliados radicales y violentos a lo que posteriormente siguió la reacción contraria con una feroz dictadura militar. Los extremos se tocan.
La base para prevenir los efectos de esta ley es saber usar el razonamiento, cumplir promesas que sean viables y no sueños o demagogia, tener instituciones fuertes, honestas y queridas por la población, y aplicar la fuerza sólo cuando es imprescindible. En pocas palabras, con estabilidad y obras que ayuden a todos, menos burocracia y corrupción, pero sobre todo preservando una paz y tranquilidad que buscamos para nuestras familias, amigos y empresas rentables y duraderas.
Es fácil prender la mecha de un incendio, pero terrible las consecuencias y el esfuerzo necesarios para sofocarlo.



