Jurídicamente, México es una democracia representativa y, en ese sentido es necesario avanzar, para que la justicia sea pronta y expedita. El poder público no debe utilizarse para violar las leyes, porque en esas condiciones, se fortalece la inseguridad, cuya presencia ha ocasionado zozobra y sufrimiento a la sociedad contemporánea. La representación, debe asumirse con responsabilidad y la ley, crear condiciones para que el ciudadano pueda demandar a quien no cumpla con el juramento que hizo al asumir el cargo: “cumplir y hacer cumplir la ley”
Empero en condiciones críticas, la sociedad viciada, busca la representación para ponerse a salvo de la sanción jurídica. Convertir en nula la representación y usarla para negar el orden jurídico que debe prevalecer, genera anarquía colectiva en donde la decisión del más poderoso, anula la misión de la ley y su voluntad ocupa su lugar.
La multiplicidad de organismos paralelos a las instituciones constituye, sin proponérselo necesariamente, una vuelta al sin sentido de la norma y a la negación de la esencia del orden jurídico, que debe apoyarse en el hecho de cumplir y hacer cumplir el derecho, aún si lo entendemos con norma de moral social, con sanción política.
La educación debe prever, desde la formación del docente, la cultura jurídica indispensable, para coadyuvar a la formación del ciudadano, que debe velar celosamente por salvaguardar las instituciones de la patria.
La vigencia del derecho implica una representación sólida en materia jurídica, que se apoye en la convicción de que la razón de ser de la norma, es propiciar el equilibrio de las fuerzas sociales, que deberán ir en el sentido de propiciar la paz con justicia y ésta se ausentará, en la medida que, a quien se responsabilice de cumplir y hacer cumplir la norma, tenga como finalidad violarla en su beneficio.
Esa conducta reiterada, lleva al ciudadano a desconfiar de quienes ostentan poder, y surgen quienes, al amparo de una realidad incapaz de crear condiciones para la vigencia del derecho, intenten llenar el vacío, con instituciones sucedáneas. Con ese criterio, seguiríamos buscando al infinito, solución al problema de la ausencia de la representación, en una república, que se asume como: democrática, representativa, federal y laica.
Cada elección trae a un importante sector de la población, “la esperanza de que las cosas cambien”, pero eso no sucederá, si el ciudadano no ejerce su función y es incapaz de demandar a los gobernantes, respetar su juramento de “cumplir y hacer cumplir la ley”




