miércoles, septiembre 2, 2026
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MORIR QUEMADOS

451° Fahrenheit: la temperatura a la que el papel de los libros se inflama y arde.

Seguramente escuché varias veces sobre este libro, pero por alguna razón, la información recibida lo hizo inexistente en mi lista literaria de pendientes. Sin embargo, cuando un libro está destinado a que lo leas, no importa cuándo y cómo lo encuentres, simplemente llega. No importa ni siquiera que haya sido escrito en 1953 mientras tus papás solo eran unos cuasi bebés y por lo tanto tú no estabas en los planes, o que seguramente la mayoría de quienes leen esto ya lo leyeron. A mis manos FAHRENHEIT 451 de Ray Bradbury, llegó cuando tenía que llegar y lo convertí sin dudarlo en texto obligatorio para una de mis generaciones de Literatura.

La historia va así: Montag es un bombero del “futuro” cuyo trabajo no es apagar fuegos, sino ¡provocarlos! para quemar ¡libros!, porque como dice la contraportada “…leer obliga a pensar, y en el país de Montag está prohíbo pensar”, ¿dónde he oído eso?, en fin. Bajo esa sentencia, ¿qué más podía pedir para provocar a mis alumnos?

Y entonces, mientras lo leía no pude quitarme una pregunta de la mente, ¿estaría yo dispuesta a dar mi vida para salvar un libro? Creo que soy algo cobarde, así que mejor cambié la pregunta, ¿en qué libro me gustaría convertirme para preservarlo y heredarlo?, ¿sólo uno?, ¡qué complejo!, pero mi subconsciente que todo lo sabe me traicionó e inmediatamente apareció Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, pero bueno, esa es otra historia.

El hecho es que pensar en que a estas alturas se nos prohíban libros, se quemen o se mate a alguien por tenerlos, podría parecernos algo remoto, de algunos lugares poco civilizados o solo cosa de la ficción, pero basta con poner en el buscador “libros prohibidos” para que se nos abran los ojos como huevos estrellados. Obvio “Fahrenheit 451” está entre las listas.

Pero pensemos por un momento positivamente, que actualmente nadie nos prohíbe leer lo que queramos, nadie quema libros, todos están a nuestra disposición, y entonces ¿qué onda con nuestros índices de lectura? ¡Claro!, no vamos por ellos porque el “entretenimiento” que nos ofrecen las mil pantallas que nos rodean es mucho más cautivador que letras sobre un papel. Y así de simple, ya no es necesario quemar literalmente nada, pues hoy hay cientos de formas para arrebatarnos los libros de las manos, sin siquiera darnos cuenta. Ya no hay que quemar, hoy sólo es necesario embrutecer. Y claro, también se vale hacer como que algo se prohíbe para volverlo un éxito editorial y embrutecernos de otra forma más sutil y “literaria”.

Y así, en más o menos 165 páginas Bradbury describe y reflexiona duramente sobre un pasado y un futuro que son hoy y no es ficción, porque se siguen quemando y prohibiendo libros, o simplemente dejan de ser competencia ante las nuevas tecnologías que nos rodean y emborrachan con sus miles de luces, sonidos e imágenes.

La pregunta entonces no es si moriríamos por un libro o cuál seríamos, si no, qué estamos dispuestos a hacer aquí y ahora para salvarlos, leerlos, dialogar sobre ellos y hacer la mayor de las revoluciones: pensar y cuestionar. Lanzo la pregunta: ¿Qué estamos dispuesto a hacer?


Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com

Twitter: @LibrosLidia

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