miércoles, septiembre 2, 2026
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Mantienen devoción y recuerdan pasión y muerte de Jesucristo

Bajo los rayos de un típico sol de primavera, cientos de familias guanajuatenses mantuvieron viva la devoción de la pasión y muerte de Jesucristo, al acudir un año más a la celebración del viacrucis en el templo de San Sebastián.

Este templo, ubicado en la calle del mismo nombre, en la zona de Embajadoras se ha convertido en un uno de los lugares preferidos por los habitantes de la localidad para rememorar el pasaje bíblico, con el cual se recuerda la muerte del hijo de Dios.

Las familias se reúnen alrededor del jardín que da forma al campo santo que ahí se ubica y presencian este acontecimiento, al cual dan vida más de 30 personas, que caracterizan a cada uno de los personajes de la historia que ocurrió hace más de 2 mil años.

Todo inicia con la condena a muerte por parte de los romanos, luego que Poncio Pilato se niega a condenar a Jesús de Nazaret y éste es capturado y obligado a cargar una cruz, hasta el lugar llamado la Calavera, donde finalmente deja de existir.

A lo largo de todo el pasaje, de la voz de un sacerdote, los fieles recuerdan el suplicio del Hijo de Dios, quien es golpeado y azotado a lo largo de un camino, que lo pone como el peor de los delincuentes, pues en aquellos tiempos, la muerte en la cruz era la forma más humillante de castigar a las personas.

La gente se coloca a los costados del jardín, donde el sol pega menos fuerte y en muchos de ellos se nota la tristeza, por al trato que recibe Jesucristo, mientras los más pequeños solo alcanzar a decir que ya no le peguen.

La ceremonia continúa y conforme se desarrollan, ocurren los pasajes marcados por la biblia, como es el caso del encuentro de María con su hijo, que luce los estragos de los azotes y la crueldad de los soldados romanos, que inmisericordes la retiran y siguen con el castigo.

Entre el calor y el dolor de los golpes y los constantes abusos de los soldados, Jesús pierde fuerzas y cae por primera ocasión, solo para ser otra vez golpeado y azotado y seguir adelante su camino.

Antes de llegar a su cruel destino, dos ladrones son capturados por los romanos y obligados a acompañarlo, mientras Simón de Sirene ayuda con el grave peso de la cruz de madera.

Con un andar doloroso y a punto de desfallecer, Jesús llega gasta el monte Gólgota, donde sin piedad alguna, los romanos lo crucifican y le arrancan la vida, solo por haber tenido lo osadía de llamarse “Hijo de Dios”.

Antes de expirar su último aliento, Jesús pone en manos de su padre su espíritu y luego de exhalar su último aliento, deja de existir, lo que desata una tormenta acompañada de relámpagos y descargas eléctricas, que ocasionan que sus verdugos se den cuenta de la insensatez que cometieron.

La ceremonia termina de esta manera y las personas, poco a poco comienzan a retirarse, algunas con mirada pensativa y otras que con el recuerdo del Nazareno, como una forma de ver y entender la vida.

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