A lo largo de la Historia se han suscitado enfrentamientos memorables: liberales contra conservadores, ingleses contra franceses, capitalistas contra comunistas, espartanos contra persas. En 1938 ocurrió una disputa desconocida cuando los miembros de la mafia se dedicaron a moler a golpes a los nazis que radicaban en Estados Unidos.
Esta es la historia verídica que parece un capítulo de ‘El escuadrón suicida’. Un enfrentamiento de criminales contra criminales, de malos contra malos, de mafiosos contra nazis.
En aquellos años previos a la Segunda Guerra Mundial, la figura de Adolf Hitler y el nazismo inspiraban fascinación en miles de personas. Incluso en México existieron intelectuales de gran renombre que empatizaban con él, como fue el caso de José Vasconcelos y en Estados Unidos, además de personalidades como el piloto Charles Lindbergh, estaban grupos de activistas, manifestantes y asociaciones como la German American Fund, encabezada por Fritz Kuhn, un excombatiente alemán de la Primera Guerra Mundial que años después se nacionalizó.
En realidad, la organización antes mencionada se dedicaba a difundir el antisemitismo, el racismo y todo lo que hoy en día sería considerado discurso de odio, vetado en cuanta red social se nos ocurra, pero como en aquel entonces la libertad de expresión era más laxa, se les permitía hablar así en sus convenciones y mítines.
Con inmensa preocupación, los miembros de las minorías veían cómo crecía aquello. Uno de ellos era el juez judío Nathan Perlman, un hombre muy inteligente, pero apegado a las leyes debido a su profesión. Él sabía que tenía que ponerle un alto a todo, pues en cualquier momento estallaría; sin embargo, le era imposible por la vía legal y el fascismo crecía imparable.
TRATO CON LA MAFIA
Perlman conocía muy bien el bajo mundo de Nueva York y a la comunidad judía, de modo que, de manera completamente extraoficial, contactó con Meyer Lansky, uno de los mafiosos más temibles y destacados en toda la historia del siglo XX, al nivel de otros como Lucky Luciano o el mismísimo Al Capone.
Lansky, también judío, era líder de ‘Murder Inc.’ o ‘Los chicos de Brownsville’, grupo criminal dedicado a ser sicarios, golpeadores o a cobrar protección. Se dedicarían a asistir a manifestaciones de nazis y amedrentarlos. Cuando Lansky le preguntó a Perlman qué les podía hacer, este fue muy claro: “Lo que tú quieras excepto matarlos”.
Entonces, los golpeadores de Lansky fueron a los mitines y reuniones de los nazis, armados con bates de béisbol, nudilleras, porras y por supuesto, sus puños. Aunque no hay registro de que asesinasen a alguien, sí rompieron cráneos, quebraron dedos y fracturaron brazos y piernas, enviándolos en estado de urgencia a los hospitales.
El mismo Lansky recuerda: “El sitio estaba decorado con una esvástica y una foto de Adolf Hitler. Había solo 15 de nosotros. Los estrellamos contra las ventanas. Los cazamos para golpearlos. Así les demostramos que los judíos no nos sentamos a aceptar insultos […] noqueamos a todo aquel que siquiera susurrase Heil Hitler”.
La tensión entre simpatizantes nazis y mafiosos fue creciendo de forma exponencial. Finalmente, Kuhn organizó una reunión en el Madison Square Garden, con cerca de 20 mil miembros que concordaban con sus ideas. Ese día quien subió al escenario fue un fontanero judío llamado Isadore Greenbaum, que nada tenía que ver con los gángsters, pero estaba harto de los discursos racistas.
La situación no fue bien para Friz Kuhn: al estar en el ojo mediático, el entonces alcalde de la Gran Manzana, Fiorello Laguardia, pidió que se le investigara y se supo que había malversado 14 mil dólares con su organización. Fue arrestado el 5 de diciembre de 1939 y pasó 5 años preso.
Sobre el tema, se puede consultar el libro ‘Gangsters vs. Nazis’ de Michael Benson, y sobre la mafia en aquellos años, la película biográfica ‘Lansky’.



