Entre escombros, muros descarapelados y el abandono de la antigua Estación San Miguel, la memoria del ferrocarril de pasajeros en el Bajío se niega a desaparecer. A casi tres décadas de que los trenes dejaran de cruzar México, el anuncio de la Presidenta Claudia Sheinbaum sobre su regreso ha vuelto a encender la ilusión de antiguos trabajadores, comerciantes y vecinos de las vías.
Estas son sus historias de nostalgia y la ilusión de un nuevo viaje.
El anuncio de revivir los trenes de pasajeros ha sido una de las noticias más mencionadas durante el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum.
Desde que estos dejaron de recorrer las vías y los caminos de México, en los ya lejanos años noventa del siglo XX, el tema había quedado zanjado y olvidado. Hoy en día vuelven a estar en boca de todos.
Sin embargo, pocos recuerdan como fueron aquellos años, y también, escasas son las personas quienes recorren lo que en algún momento fue una de las estaciones de ferrocarril más bulliciosas del Bajío.
La antigua Estación San Miguel hoy en día está en el olvido. El interior de sus salas luce semiderruida. En algunos segmentos falta el techo, y las palomas han hecho sus nidos. En otros, todavía se aprecia lo que fue la taquilla.
Entre escombros, muros descarapelados y azulejos faltantes, el recuerdo es todo lo que queda de una época en que los trenes llegaban, la gente descendía, conversaba, compraba algo y seguía su camino a bordo de los vagones, hasta el norte del país.
Aún hay personas que recuerdan aquellos años. Almas tan variadas como encargados de cantina, vendedores de tacos o adultos mayores jubilados.
Jesús Espinoza tiene más de treinta años vendiendo tacos al vapor a un lado de la estación de ferrocarril. Recuerda que solamente le tocaron dos años viendo el ir y venir de la gente. Después, de manera paulatina, todo se fue abajo hasta quedar en el olvido. Hoy en día es la gente de Ferromex quienes mantienen lo que aún queda en la olvidada estación.
Aún hay negocios en los alrededores de la estación, que forman parte del antiguo y tradicional Barrio de San Miguel. Uno es el Bar Buzo’s. Entrar al lugar es como hacerlo a una cantina de película del salvaje oeste, con fotografías que adornan los muros mostrando la estación en tiempos de bonanza. El señor ‘Costa’ Juárez es el encargado.
“La cantina tiene más de ochenta años” dice Juárez. “Originalmente, se llamaba Berna, porque el dueño era un señor Bernabé. Después pasó a manos de Rodolfo Buzo, y finalmente mi hermano la compró. Desde hace mucho se comenta que van a volver los trenes de pasajeros. Yo lo he escuchado mucho. Ojalá que esta vez sí sea verdad”.
SAN BENITO
La serie de casas que se encuentran a la orilla de las vías de la Estación San Miguel se conocen como la comunidad San Benito, por entre sus habitantes, lugareños y vecinos. Algunos de sus residentes trabajaron en el negocio ferroviario, literalmente, durante toda su vida. Hoy, ya están jubilados, pero evocan aquellos años. Así ocurre con Antonio Acevedo, quien laboró en las bodegas de la estación y vivió en la zona desde niño:
“Hoy en día tengo 77 años. Mis papás también trabajaron en las bodegas. Nosotros fuimos construyendo nuestra casita. Yo fui encargado de una báscula durante años, nos llegaba mucho zapato, y luego me jubilé. Yo nací en 1948 y me acuerdo cuando veíamos llegar el tren. Veíamos el vapor salir y escuchábamos el silbido. Aquello era muy bonito”.
La señora María de Jesús Hurtado es octogenaria, y recuerda aquellos años en que su padre trabajó como bombero y ello lo ayudaba. Antonio Juárez era su nombre, quien además le daba mantenimiento. María, de niña, se columpiaba para echarle agua. Tenía 12 años, y ahora va a cumplir 83 años.
“Hemos platicamos mucho sobre que si vuelven los trenes de pasajeros. Nosotros ya tenemos una vida. Aquí crecimos, al lado de las vías”, dice la señora Hurtado.
La gente de San Benito, y quienes trabajaron en la estación, seguramente estarán de acuerdo con una frase de Agatha Christie, autora que escribía como nadie sobre vagones y ferrocarriles: “la vida es como un tren, señorita. Sigue su curso. Y es bueno que sea así”.





