miércoles, septiembre 2, 2026
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LOS GAYTANTES.

Hace casi 40 años (¡qué fácil se dicen y son un montón!) conocí a la Familia Gaytán Borgoñón.

Me acuerdo que era yo novia de Héctor y me llevó a casa de su mejor amigo de la Universidad La Salle, Luis Gaytán, a que conociera a sus papás.  Cuando llegamos, lo primero, fue el gran abrazo cálido, lleno de cariño, tan fuerte como ella, que hacía que te perdieras en su cuerpo y te sintieras como una querida niña pequeña, de la mamá, doña Estela y su bienvenida, siempre sincera de “¡Esta es tu humilde casa!” con su inconfundible acento español.  El papá, don Jesús, justo acababa de llegar de viaje, y como si fuera un “Santa Claus” sacaba regalos de una bolsa para repartirlos a sus hij@s: nueve en total: Jesús, Pilar, Luis, Ricardo, Estela, Rodolfo, Pablo, Juan, Chava.  Me acuerdo que desde aquél momento, ¡quise formar parte de aquella familia tan alegre, cariñosa, ruidosa!

Esa fue la primera vez de muchas que compartimos “el pan, la sal y el vino” con esa querida familia, quienes efectivamente nos recibieron como si fuéramos parte de ella desde siempre.

Me acuerdo que poco después de que murió el papá de Héctor, fuimos a su casa, y el abrazo de pésame que le dieron fue tan sentido y lleno de afecto, que casi me hicieron llorar.

Luego sería el tiempo en el que salíamos ya todos los amigos de parejas, cuando conocí a la que sería su esposa, Marcela Gutiérrez… Tiempos inolvidables, divertidos, haciendo cosas diferentes, tanto aquí en León, como en Guanajuato y en el D.F.

Vendrían los momentos lindos de las bodas;  las nuestras y las de nuestr@s herman@s.  Una de ellas, ha sido una de las mejores que hemos tenido en nuestras vidas, en el Convento de las  Vizcaínas, con vinos importados (en aquellos tiempos, algo muy difícil de ver y aún más, ¡de tomar! ¡ja, ja!) y donde vi por primera vez en persona a Pedro Ferriz de Con, y otros personajes famosos de la política y los medios de comunicación.

En nuestras bodas, se haría tradición, reunirnos después de la fiesta y hacerles bromas a los recién casados.  Nosotros que fuimos los primeros, la verdad, fue una broma muy ligera y divertida… pero se fueron poniendo un poco más pesadas con el paso del tiempo… aunque siempre sanas y tan graciosas, que todavía nos reímos de ellas.

Luego los embarazos, los bautizos y primeras comuniones… ¡Ah, y también las semanas santas o vacaciones juntos!  Ellos nos hicieron el honor de invitarnos de padrinos de su primer hijo, Luisito, y eso hizo que se fortalecieran aún más nuestros lazos.

Recuerdo aún conmovida, con mucho cariño y ternura que don Jesús, un hombre muy religioso, sobrino del venerable padre Pablo María Guzmán Figueroa, cada vez que me veía embarazada, me bendecía mi pancita diciéndome:  “Bendito el fruto de tu vientre.”

Después los papás de Luis comprarían un rancho, “El Amor”, por Xilotepec, al que nos invitaban y donde pasamos muy buenos tiempos.  Nos tocó verlo y vivirlo desde sus inicios, cuando cocinábamos en una estufa pequeñita;  “dormíamos” todos juntos en un jacalón, los hombres de un lado y las mujeres en otro cuartito.  Y digo “dormíamos” porque las mujeres no teníamos problema, pero los hombres roncaban tanto que algunos no podían conciliar el sueño, ¡ja, ja! Y todo bajo la estricta supervisión y disciplina de doña Estela, quien era el pilar de todo aquello… y de esa familia bromista, cálida, sincera, trabajadora, religiosa y generosa donde los amigos y hasta los hij@s de los mismos,  de todos sus 9 hij@s, éramos muy bien recibidos y queridos… haciendo honor al nombre de su rancho.

Una de esas ocasiones, don Jesús compró unos nogales que ayudamos a sembrar… ¡Cómo me conmovió esta última vez que fui  verlos tan grandes y saber que yo había puesto alguno! ¡Y darme cuenta que las nueces son las semillas de unas frutas verdes por fuera y negras por dentro, del tamaño de un durazno!

En ese rancho ¡aprendimos tantas cosas de la naturaleza! ¡Y vivimos con ellos tantos proyectos! Criaron ovejas, vacas, caballos, pusieron invernaderos de hongos, de fresas… Luego fueron construyendo, poco a poco, una casa de piedra hermosa, con su fuente central;  una gran cocina, una sala con chimenea y muchos cuartos.  Al principio, había pocas plantas y árboles… ahora que fuimos, ¡aquello parecía un vergel! ¡Me impresionó lo que hacen el trabajo constante y el cariño!  Y además hicieron una capilla preciosa, que tiene una de las Vírgenes más bellas que he visto y que perteneció al venerable tío.

Si en el mundo hubiera más familias así, como los Gaytanes, éste sería un mejor lugar para vivir. ¡¡Gracias doña Estela y don Jesús por ser un ejemplo de amor, religiosidad, trabajo, alegría y generosidad!! ¡¡Gracias querida Familia, por ser parte inolvidable de nuestro pasado!!  ¡¡Los queremos y admiramos un montón!!

Con todo mi cariño:

MARI AGUADO DE CUADRA.

León, Gto., a 1 de agosto del 2019.

desdemihogar@hotmail.es

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