sábado, agosto 29, 2026
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Lo que callamos los alcaldes

Pensar en grande
Desde muy chamaco me gustó la chamba y, sin romanticismos ni espejismos, me tomé muy en serio lo de ‘Pensar en grande’, un credo juvenil que hoy he tomado como lema en mi Gobierno para que se convierta en el signo de un gabinete incansable, que no se detiene ni para limpiarse el sudor que baja por la nariz. Así es como veo el servicio público.

Vendí tacos y pollos cuando la palabra ‘emprendedurismo’ todavía no estaba de moda (literalmente, me metí a las tripas del comercio en modo chalán). Me aventé de boy scout, de bombero y —debo decirlo— de activista ambiental, participando en el movimiento ‘Guanajuato Somos Todos’ para defender al cerro de La Bufa de la depredación. Y desde ese tipo de servicio, observaba a mi esposa Samantha que iba consolidando el albergue del Hospital General de Guanajuato. Ahí comprobé que las verdaderas amistades se conocen en momentos de angustia y aflicción. Metido de lleno en el servicio social, también descubrí que las metas, por más difíciles o imposibles que parezcan, se deben plantear y cumplir. Porque el que le apunta lejos, lo menos que se puede lograr es llegar más allá de un propósito mediocre. En esos años, cuando la zona sur aún estaba en pañales, con el ejemplo de Samantha aprendí que la política es el mejor escenario para cambiar la vida de las personas y comencé a fabricar el sueño de ser Presidente Municipal, de trabajar pensando en grande por Guanajuato.

Muy chavo, ya con un hijo y una hija, fue cuando ser Presidente Municipal se convirtió en mi mayor sueño. Y se veía muy canijo, pero no me rendí, dijeran lo que dijeran. A esas alturas de mi vida las palabras de mi abuelita resonaban duro en mi cabeza, pues ella me decía que había que meter las manos entre las vísceras del pollo para saber cómo vender el pollo. Así le hice.
Fui de los amigos de Fox en esa intensa campaña del 2000; me metí al PAN; ganamos por primera vez en Guanajuato en 2006; entré a la administración como Director de Desarrollo Económico y luego me convertí en dirigente municipal de Acción Nacional y, poco a poco, me convertí en activista, dirigente y candidato. Trabajo, determinación y sacrificio.
El futuro —dijo Guillermo Fadanelli— es un barril sin fondo, aunque consista en diez años, cinco meses o un par de horas. Nadie podría imaginarse la gran cantidad de proyectos que ese barril se ha tragado ni todas las metas que ha engullido. Enfrentando constantemente el “qué dirán” o “qué van a pensar de ti”. Pero no me metí a la política para agradarle a nadie ni para fingir ser alguien que no soy. Yo soy así, como lo ven en los tik toks, en mis fotos y entrevistas. Soy genuino.

Y así, con mi estilo y convicción propia, emprendimos la reelección pensando en grande, pensando en la gente a la que todavía le debemos y en los proyectos que Guanajuato necesita. Una de ellas es el Museo Internacional de las Momias, un proyecto titánico por todo lo que implica. Un proyecto que desafía tus propias fortalezas, principalmente por la oposición que representa: el miedo al futuro.

Muchas tareas componen esta empresa: relaciones públicas, cabildeo, difusión, persuasión, gestión de recursos, etcétera. Íbamos muy bien en la ruta, pero los obstáculos que se interpusieron, únicamente han retardado el desarrollo económico de Guanajuato Capital. Y pueden ser seis meses o diez años, no lo sé, el tiempo que se tarden los opositores en darse cuenta que no hay que temerle al futuro, que tenemos lo necesario para construir experiencias tan maravillosas como en las mejores ciudades del mundo, cuando dejen de temerle a pensar en grande.

Eventualmente sucederá por Guanajuato está destinado a la grandeza y no hay proyecto más viable en la administración de los bienes de los Guanajuatenses. Para mí, desde mi corazón, ya se puso la primera piedra.

Después de todos los obstáculos que se te atraviesan al frente de un Gobierno, pueden pasar 2 cosas, desanimarte o agarrar más vuelo. Por supuesto, ahora me doy cuenta que las cosas no son tan fáciles como se ven desde fuera, cuesta mucho trabajo hacerlas y, por eso, no cualquiera las puede hacer o no cualquiera se avienta, ni de bombero ni de protector del cerro. Y entre más arriba le apuntas es más difícil, pero las cosas fáciles las hace cualquiera. Y con las decisiones delicadas, que le pega a los mismos abusivos de siempre, de plano nadie se quiere meter. Hasta ahora. Y por supuesto que ha habido errores, pero nadie se tropieza si no se levanta de la cama. Y aquí, en esta administración, nos levantamos temprano, con ganas y pensando en grande.

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