Entre flores de cempasúchil, coloridos adornos, música de guitarra y acordeón; llantos, rezos y susurros, miles de leoneses visitaron el Panteón San Nicolás durante el primer día de los difuntos.
Las puertas del panteón San Nicolás, el más antiguo de León, se abrieron para recibir a los vivos que visitaban a sus amigos y familiares. Un arco con una calavera y papel picado era el adorno perfecto justo a la entrada del camposanto, así como diferentes catrinas y catrines de cartón que adornaban el lugar.
La algarabía típica del 1 de noviembre no se hizo esperar: vendedores de flores, de cráneos de azúcar, de frutitas de pasta de limón aguardaban afuera del panteón, mientras que en el interior nunca pueden faltar los músicos y los niños que se ofrecen, a cambio de una módica propina, para limpiar las tumbas y lápidas.
Salvador y Ángel son dos músicos de la tercera edad quienes, armados con un acordeón y una guitarra, cobran a 50 pesos la canción que los vivos quieran entonar a sus difuntos. Ya sea ‘Amor eterno’, ‘Ángel mío’ o ‘Caminos de Guanajuato’, que se escucha a lo lejos, entre las gavetas, las lápidas y los mausoleos.
Hay en el cementerio desde ancianos que visitan a sus hijos, hasta niños acompañados de sus padres a quienes les gustó la película de ‘Coco’, desde familias que llegaron en Uber hasta jóvenes veinteañeros.
La gente viene de todas las colonias imaginables: desde la cercana Arbide, hasta Brisas del Campestre, Balcones de Jerez y Villa Dorada. Todas y todos están listos para adorar a sus difuntos, ya sea porque son niños, o porque debido a cuestiones laborales no podrán acudir el 2 de noviembre.
Las tumbas adornadas por juguetes no pueden faltar el 1 de noviembre. Hay carritos, perritos de peluche, muñecas Barbie o figuras de cartón de Miguel Rivera, el protagonista de ‘Coco’. Algunos de los ‘difuntitos’ murieron al año, otros a los seis meses. Cada una de las tumbas es un testigo de la eternidad, en todos los rincones de León.



