miércoles, septiembre 2, 2026
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Las posadas, un tejido cultural entre Fe, historia y Comunidad

Ante esta pregunta, en su libro, Thomson nos invita a reflexionar sobre el origen de plantas y animales que damos por hecho que son originarios de un lugar en específico.

El autor nos invita a mirar más a allá de los cánones culturales, para observarnos como seres migrantes, portadores de nuestra cultura.

Por ello, cuando nos preguntamos sobre el origen de las posadas algunas personas podrían
asegurar que tienen su origen en México, por la larga tradición que se vive en nuestro país.

No obstante, esta tradición proviene de una mezcla cultural y una evolución social que refleja ese de tradiciones prehispánicas con prácticas evangelizadoras de la colonia.

Otro ejemplo es la peregrinación del 12 de diciembre, hacia lo que hoy se conoce
como la basílica de Guadalupe; era celebrada en honor a Tonantzin (deidad madre de la cultura Mexica) que, después de la conquista española, fue sustituida por la Virgen de Guadalupe. Lo mismo sucedió con las posadas, al pasar de una celebración de un Dios mexica hacia una católica.

Del 16 al 24 de diciembre se celebran en todo México las posadas, reuniones donde
las personas recrean el peregrinar de María y José en búsqueda de un refugio para
el nacimiento del Niño Jesús.

Estas fechas coinciden con algunas de las celebraciones de los mexicas quienes, durante el mes de diciembre (equivalente a Panquetzalitli), celebran el nacimiento del Dios Huitzilopochtli. Esta iniciaba a principios de diciembre y culminaba a mediados o finales del mismo mes; y, de igual manera, se transforma para ser una celebración católica. De esta manera se logra la transformación de tradiciones y de un elemento cultural ya instaurado y aceptado, hacía algo católico.

Las posadas surgen, como un medio y una herramienta para lograr la evangelización de los indígenas, a partir de la conquista. Los Agustinos cuando llegan a tierras mesoamericanas de una forma muy divertida o amena a través de juegos, lograron transmitir las celebraciones de Navidad y toda la ritualidad.

Los frailes agustinos, incluían en las misas representaciones teatrales del nacimiento de Jesús y escenificaciones de María y José pidiendo posada. Todo ello basado en los evangelios que narran las travesías de los peregrinos antes de llegar a Belén.

Ahí, las velas y las luces que iluminan el camino durante la procesión, simbolizaban la Fe y la esperanza que les guían en su camino hacia el lugar prometido.

Posteriormente se añadió uno de los elementos más representativos y
característicos de esta época, la piñata. El origen dentro de las posadas es un
híbrido. Algunos atribuyen su origen por la influencia de Asia que se tenía en esas
épocas; y, por otro lado, por la necesidad de crear un elemento que pudiera atraer
a las infancias a esta tradición con el fin de evangelizar a todos.

Las piñatas se comienzan a elaborar con una olla de barro cubierta con papel de
china de colores, en un intento de representar las tentaciones del mal.

Se le añaden siete picos, que simbolizan los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza. El romper la piñata con los ojos vendados simboliza la
Fe ciega para vencer al mal: mientras que el palo con el que se rompe la piñata,
representa la fuerza de la virtud que destruye la falsedad y el engaño.

Los dulces, frutas y frutos secos que caen, cuando la piñata se rompe, representan las
recompensas del cielo para quienes mantienen la Fe y vencen el pecado.

Los aguinaldos surgen como un medio de compensación para las personas que no alcanzaban algo de las bendiciones de la piñata.

Además, estas pequeñas bolsitas con dulces, frutas y cacahuates que se entregan al final de la posada, tienen su origen en la costumbre colonial de obsequiar pequeños regalos a los asistentes de las misas de aguinaldo. Este detalle recuerda la generosidad y el espíritu de compartir que caracterizan a la temporada navideña.

Aunque las posadas comenzaron como celebraciones estrictamente religiosas
realizadas dentro de los conventos e iglesias, con el paso del tiempo salieron de
estos espacios y se incorporaron a la vida comunitaria de barrios, pueblos y
ciudades.

Para el siglo XIX, tras la Independencia de México, la costumbre de asistir a las misas de aguinaldo decayó considerablemente. Sin embargo, fueron los propios fieles y las comunidades quienes rescataron la tradición y la trasladaron a sus hogares, arropando con un carácter popular y festivo que mantiene hasta nuestros días.

Este proceso de apropiación comunitaria transformó las posadas de un acto litúrgico formal en una celebración que integra lo religioso, lo social y lo festivo, características que representan a la cultura mexicana.

La forma de realizar las posadas ha experimentado transformaciones significativas
según el contexto geográfico y socioeconómico.

Con el paso de los años aparecen otros elementos como el ponche de frutas, tamales, buñuelos y otros platillos tradicionales que no son simplemente elementos gastronómicos, sino que se introducen con la finalidad de representar la hospitalidad y el compartir comunitario que se integraba a la visión de las posadas.

Es así como muchas tradiciones, como las posadas navideñas, son fundamentales para mantener viva la identidad cultural mexicana y la convivencia como centro de la vida social-comunitaria.

Estas celebraciones crean espacios de encuentro que fortalecen los lazos y generan un
sentido de pertenencia a una comunidad cultural más amplia.

En un mundo cada vez más fragmentado, donde los estilos de vida contemporáneos
tienden al individualismo, las tradiciones comunitarias como las posadas ofrecen
espacios de resistencia cultural y cohesión social. Las posadas son, fundamentalmente, celebraciones que reúnen a familias, vecinos y comunidades enteras, y que crean redes de apoyo mutuo y fortalecen el tejido social.


Conservar estas tradiciones y celebraciones permiten mantener siglos de historia,
desde las festividades prehispánicas del solsticio de invierno, hasta la evangelización colonial y la apropiación comunitaria post independentista.

Cada generación que participa en las posadas se convierte en eslabón de una cadena que conecta el pasado con el futuro, que asegurando que el conocimiento, las prácticas y los significados no se pierdan en el olvido.

Las posadas navideñas de México pasan de ser mucho más que una simple celebración religiosa o festiva, a constituirse como un complejo tejido socio-cultural que entrelaza historia, espiritualidad y convivencia comunitaria. Finalmente, como respuesta a la pregunta inicial, observamos que al igual que los camellos, las posadas tienen un origen mezclado.

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