martes, septiembre 1, 2026
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La sociedad que agoniza

Ante tanto odio y escarnio, la violencia crece y crece todos los días en México. Nadie se salva. Da lo mismo pobres, clases medias y ricos. A todos por igual impacta la tragedia que acompañan las balas, la metralla y también, los discursos de políticos que solo buscan medrar con el interés público, para su beneficio particular. 

Mientras el país entero y los medios de comunicación nacionales y locales centran sus análisis más sesudos, en los efectos macroeconómicos y financieros, de la pausa a última hora para imponer mayores aranceles a las exportaciones, por parte del otro gran tirano del mundo, Donald Trump. México y sus municipios se desgarran de dolor y tragedia, al ver una sociedad enferma y agonizante de valores.

Ahora nos tocó a la sociedad guanajuatense ver y padecer el dolor, indignación y la podredumbre humana en su máximo “esplendor” por ciudadanos de a “pie” que expresan con sus actos repugnantes toda pérdida de valores, educación y humanidad dentro de sus lugares donde viven, trabajan y se desarrollan. 

No fue el narco, no fueron los abrazos que se han cambiado por balazos, en el marco de un gobierno infame que ha destruido lo poco que aún existía de tejido social y que hoy arropa y protege a la delincuencia con sus políticas públicas, gestionando más y mejor impunidad para los criminales. No podemos hablar de ningún cártel. 

Cuatro hombres han estremecido a cuatro distintos municipios del estado de Guanajuato (del corredor industrial), donde supuestamente existe, mayor desarrollo e inversión pública y privada, en beneficios de su comunidad. Pero donde impera, la mayor barbarie social, mientras las autoridades locales, estatales y federales, sólo expresan su indignación en redes sociales, pidiendo justicia cómo toda la sociedad guanajuatense. 

Prácticamente en la misma semana, en Celaya, Irapuato, León y Silao la miseria humana expresa el deterioro humano y la enfermedad de una sociedad que adolece de los mínimos estándares de civilidad, valores, educación y respeto, con sus pares. El pasado 2 de febrero, Esteban “N” agredió sexualmente a una joven que intentaba ingresar a su domicilio en Celaya. 

El reprobable y cobarde acto, lo pudimos ver todos por las cámaras de videovigilancia, donde se aprecia al sujeto seguir en su vehículo a la joven, descendiendo de su coche y corriendo al acecho de su víctima, para meter su cabeza dentro de la falda de la chica y morder un glúteo de la mujer.  

El jueves 6 de febrero, uno de los tantos y tantos ataques que se llevan a cabo todos los días en Irapuato, estremeció a la sociedad fresera. En esta ocasión en Plaza Cibeles, fue un solitario hombre que arrebató el arma a un guardia de seguridad, con la que le disparó y ocasionó su muerte. La balacera generó pánico entre los trabajadores y visitantes en el estacionamiento de la plaza.

La desaparición el 4 de febrero y la noticia de la muerte tres días después, el viernes 7 del menor Mateo Santiago, conmocionó como pocas veces a la sociedad de León y a todo Guanajuato. El niño fue encontrado muerto, en las inmediaciones del Rancho La Atarjea, en la población Lagunilla, a la altura del kilómetro 3 de la carretera León-Lagos. El homicida confeso, resulto ser un joven medico con el que trabajaba el menor. Los pormenores del caso y por respeto a la víctima, es de todos conocidos y se encuentran en diversos medios de comunicación. 

Como si faltara poco, el mismo viernes 7 de febrero, padres de familia de alumnos de prescolar del centro “Catalina D. Erzell”, golpearon a un hombre en Silao y lo entregaron a policías municipales, por mantener sexo dentro de su vehículo, afuera de la escuela, a la vista de todos. Fue detenido por cometer actos obscenos. 

¿Qué está pasando en nuestra sociedad?

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