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La muerte del dictador

El próximo sábado se celebra la Navidad y eso todo mundo lo sabe. Sin embargo, un 25 de diciembre, pero de 1989 la historia de Rumanía cambiaría para siempre, pues fue el día en que, después de una serie de actos tiránicos, fue ejecutado el dictador Nicolae Ceausescu.

Esta es la historia de un gobierno represor, una manifestación un juicio y un fusilamiento en tiempos decembrinos.

Ceausescu nació un 26 de enero de 1918 en Scornicesti, un pueblo de Rumanía. Era muy pobre, pero inteligente, astuto y con notables habilidades sociales. Aprendía con mucha rapidez. A los diez años se fue de su casa a Bucarest y, aunque era de humor explosivo, tuvo todas las habilidades de un excelente político: sabía aprovechar las oportunidades, entendía las intrigas internas de su partido socialista y se aliaba con figuras clave. Entendía cuando callar y cuando hablar. Así fue como ascendió al poder hasta ser presidente y, después, dictador.

En 1945 se casó con Elena, quien supuestamente estudió Química, pero el título jamás se ha comprobado. Elena influenciaba mucho a su esposo y su deseo de poder.

Poco a poco, el inflado ego de Ceausescu, impulsado por Elena y su grupo de aduladores, lo hacían cometer actos que se encontraban entre la falta de humanidad y el ridículo. Prohibió el uso de máquinas de escribir para evitar que redactasen mensajes contra su persona y pretendía dominar cada acto económico del país: incluso se debía pedir permiso al ejército si querías matar a un cerdo para Navidad. Destruyó muchas casas en el centro de Bucarest, pero el propietario debía firmar la demolición y además, pagarlo de su bolsillo. Uno de los ídolos patrios era Vlad el Empalador, el personaje que sirvió a Bram Stoker de inspiración para el conde Drácula. Su policía secreta, la Securitate, controlaba cada rincón y actividad humana.

La gota que derramó el vaso vino cuando mandó retirar del púlpito al pastor Laszlo Tokes, cuyos sermones eran sumamente críticos contra el dictador. Hubo manifestaciones en su apoyo y el ejército actuó de manera sumamente violenta para detenerlas.

Corría el año 1989. El muro de Berlín había caído y la chispa de la revolución rumana caía en un balde de gasolina.

IRACUNDA NAVIDAD

Un 21 de diciembre Ceausescu dio un mitin, esperando que todo siguiera como antes. Aunque quiso incrementar pensiones, de nada sirvió. Toda la ciudadanía rumana se reunió para abuchearlo e insultarlo. Lo odiaban. Durante la víspera navideña no hubo paz y amor, sino manifestaciones enardecidas.

Cuando la situación ya era insostenible, Elena y Nicolae decidieron huir. Robaron un coche y tomaron al conductor de rehén, quien los llevó hasta una villa a las afueras de la ciudad. Fue así como llegaron a una fábrica donde fueron localizados por sus enemigos.

Así fue como la dictatorial pareja fue sometida a un juicio por sus crímenes contra el pueblo rumano, pero sin legalidad ni legitimidad.

Un 25 de diciembre fueron fusilados. Por cada bala que recibió Ceausescu, le dispararon diez a Elena. Todos los periódicos del mundo, entre ellos EL HERALDO, lo publicaron en su primera plana.

Es cierto que la forma como se juzgó a Elena y Nicolae fue sumamente injusta. No se les dio la oportunidad de defenderse y los hechos ocurrieron muy rápido. Por otro lado, no se puede negar que este hecho cumple a rajatabla el refrán que “quien a hierro mata, a hierro muere”.

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