La noche del 8 de diciembre de 1980 hacía frío en Nueva York. Como era habitual, la Gran Manzana nunca dormía. En el edificio Dakota, frente a Central Park, estaba un muchacho de 25 años que aguardaba a la sombra de los arcos de la impresionante estructura. Eran las 22:50 cuando llegó John Lennon, acompañado de su esposa Yoko Ono.
“Mr Lennon…” dijo el muchacho, que respondía al nombre de Mark David Chapman, y acto seguido descargó un revolver sobre quien fuera el más destacado miembro de los Beatles.
Mientras John decía “Me han disparado… me han disparado” Yoko veía como su marido caía al suelo, que se llenaba de sangre. De inmediato llamó al personal de seguridad que llamó a una ambulancia, para trasladarlo al Hospital Roosevelt. Aunque se intentó hacer todo lo posible, a las 23:15 John Lennon había pasado al Asgard del Rock, al Olimpo de la música.
JOHN Y MARK DAVID
Para 1980, John Lennon ya estaba separado del cuarteto de Liverpool. Su vida, aunque repleta de conflictos internos y desencantado por la fama, era exitosa. Pasó el último día de su vida entre grabaciones, sesiones de fotos y entrevistas, acompañado por su amada Yoko Ono.
La vida de Mark David Chapman era, en muchos aspectos, lo opuesto a compositor de “Starting over” e “Imagina”: nacido en 1955 en Texas; tuvo un padre golpeador y comenzó a probar drogas a los 12 años y gran parte de su vida fue un fracaso. Hoy día sigue preso.
Su libro favorito fue “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger, que trata sobre un chico de nombre Holden Caufield que, tras ser expulsado de su escuela, se va a Nueva York. A lo largo de la novela Holden plasma su visión del mundo y de la vida.
Según Chapman sería su motivación, para matar a John. El libro es un clásico que ha cambiado la vida de muchos jóvenes para bien a lo largo de generaciones, que los ha impulsado a la lectura y a cuestionarse su lugar en el mundo. Juzgar el texto por los actos de un asesino, es injusto y absurdo.
EL IMPACTO
La gente de León se enteraría del asesinato de Lennon hasta el 9 de diciembre por la mañana. Iniciaban los ochenta, y era una época en que la información no se transmitía con la inmediatez de las redes sociales.
La edición de El Heraldo del 9 de diciembre, publicó en la sección dedicada a noticias internacionales con el título: “El ex Beatle John Lennon, fue asesinado anoche por un demente”. Decía la nota: “La policía descartó un robo como móvil del crimen. La muerte le sobrevino a consecuencia de los impactos de bala que presentaba en el pecho, confirmaron los médicos del hospital”.
Al tratarse de una celebridad y un ícono pop, era evidente que surgirían toda clase de hipótesis, teorías y suposiciones sobre su muerte, algunas factibles y otras absolutamente descabelladas. Una de las más persistentes es que el FBI y la CIA lo mandaron matar, pues su activismo de izquierda resultaba peligroso para la sociedad estadounidense de aquel entonces. Como es obvio, ninguna se ha demostrado de manera cabal.
Actualmente, a unos metros del edificio Dakota, en Central Park, se puede apreciar el memorial en su honor, llamado “Strawberry Fields”. A diario recibe turistas de todo el mundo quienes dejan flores, discos y cartas.
En “El Guardián entre el centeno” J.D. Salinger escribió: “la vida es una partida y hay que vivirla de acuerdo con las reglas del juego”. Lennon supo jugarla muy bien.




