ANIVERSARIO
El Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cumplió un año en el poder en medio de manifestaciones y protestas de los ciudadanos americanos, en especial de mujeres y grupos vulnerables que se extendieron por todo el mundo, respecto a la postura que ha tenido sobre temas relativos al respeto de los derechos humanos y sus manifestaciones racistas, discriminación de género y odio contra otras naciones como México.
Su gobierno ha sido uno de los peor calificados por los ciudadanos estadounidenses, encuestas de ese país establecen que es uno de los que menor aprobación han tenido en su primer año de gobierno; está peleado con un segmento importante de los medios de comunicación en su país y goza del desprestigio y falta de reconocimiento de los países en el mundo que se aglutinan en organismos multilaterales.
Donald Trump es un empresario voraz que irrumpió la escena política de su país y gobierna como si estuviera en un programa de espectáculos, con un populismo autoritario como no se había visto en esa nación que presume ser una de las democracias más sólidas a nivel internacional.
Instauró un nuevo régimen de gobierno vía redes sociales, con total falta de sensibilidad y responsabilidad, en donde igual reta e insulta al líder de Corea del Norte que anuncia medidas extremas en naciones de Medio Oriente, o declara su odio a grupos minoritarios o migrantes que llegan a su país en busca de una mejor oportunidad de vida.
En relación con México, en un año ha pasado de promotor de la incertidumbre e inestabilidad monetaria y sobre el tipo de cambio con su amenaza todavía incumplida de salirse del TLCAN, si no había condiciones más ventajosas para sus amigos empresarios que le financiaron su campaña política, hasta amenazar la construcción de un muro fronterizo entre ambos países y cobrarlo vía descuentos a los envíos de remesas o condicionarlo en el marco de la renegociación comercial trilateral.
Su nueva política migratoria, que inició con una orden de cierre de la frontera a países musulmanes y que fue suspendida en la Corte, se extendió con su principal vecino y socio comercial, México, con el anuncio de poner fin al DACCA, un programa que abrió Barak Obama para dar un estatus de residencia a alrededor de 700 mil inmigrantes indocumentados que entraron a ese país siendo niños.
Las amenazas no sólo se han referido a la construcción de un muro, dividir familias, acabar con la relación comercial más sólida de América del Norte o de venir al territorio nacional a acabar con los criminales. La amenaza más grave es que cada palabra de odio que dirige contra los mexicanos que viven allá, legales e ilegales, son el caldo de cultivo para acrecentar la violación de sus derechos humanos y cerrar las oportunidades para su integración.
El Presidente de Estados Unidos no tiene límites en sus expresiones de odio para grupos minoritarios en el mundo y gracias a las movilizaciones de sus propios gobernados, se ha mandado una señal clara de que no están de acuerdo con esa forma de gobernar. Es buena oportunidad para que rectifiquen qué tipo de nación quieren construir a partir de un liderazgo totalmente irracional.
Los duros golpes que ha recibido en fechas recientes, la publicación de un libro donde lo retratan tal cual es; la revelación de conductas inapropiadas en donde vulnera la dignidad de las mujeres; sus expresiones de odio a razas de otros países y la reciente paralización del gobierno, ante la falta de acuerdo con el Congreso para aprobar el presupuesto, podrían despertar más a los ciudadanos estadounidenses sobre la grave conducción de su nación.
Al igual que con el caso de la ayuda del gobierno ruso para ganar la elección presidencial, Donald Trump saldrá a decir que es víctima de un complot en su contra, que es el grupo de políticos que desplazó del poder quienes operan en su contra y que son falsas noticias las que reproducen los medios para desacreditar su administración.
Desafortunadamente, vendrán días más complicados para los mexicanos frente a este líder populista y autoritario. En unos días se definirá el rumbo que seguirá la renegociación del TLCAN y si no se ratifica seguramente causará un daño económico y comercial irreparable, no sólo para México sino para el mundo.
El futuro comercial de la región de América del Norte está en manos de un falso profeta que se ha asumido como un Dios autoritario y castigador; eso lo saben los propios estadounidenses y quién sabe qué otra locura vaya a cometer en nombre de su doctrina populista de hacer que Estados Unidos vuelva a ser más grande.
En los próximos días crecerán las presiones sobre México, al entrar la fase final de negociaciones, y el mejor pretexto que tiene ahora Trump es asumir que el crecimiento económico de Estados Unidos en 2017 es gracias a sus medidas populistas, como la reducción de impuestos a las grandes empresas, aunque el dinamismo es herencia de la administración de Obama, según lo han planteado los especialistas y premios Nobel de Economía.
La promesa de salir del TLCAN puede ser cumplida por Trump, y con ello, cancelar la oportunidad de construir una región más próspera frente a otras zonas comerciales en el mundo. Ojalá las autoridades mexicanas tengan el valor y la sensatez de no caer en el juego de un populista autoritario.




