México y los mexicanos hemos vivido históricamente de la mentira, prácticamente desde siempre. Desde la historia misma del país, con la llegada de los españoles y no se diga, en los tiempos modernos y actuales, la mentira es parte del día a día de millones de familias y por supuesto, de los gobiernos en turno.
Si existe “alguien” o “algo” que ha sido el motor o generador de mentir al pueblo de México, han sido sus gobiernos. Independientemente del partido en el poder, todos por igual han mentido y engañado a la sociedad civil en su conjunto. Los 71 años del PRI, los 12 años del PAN y ahora, los casi 8 años de MORENA en el poder, han seguido el mismo patrón para gobernar: la mentira.
Tan es así, que precisamente el movimiento de la 4T y de su partido MORENA, han acuñado el lema y el código de ética en su estandarte ideológico y en sus discursos populistas, para “vender” al pueblo, la falsa idea de la erradicación de la mentira y el engaño, como resultado de no robar a los mexicanos su patrimonio, entendiendo esté, los recursos públicos.
La mentira había estado asociada al poder y gobierno de los hombres. Con la falsa idea, de que la mentira provenía y tenía su exclusividad en el sexo fuerte, así se conoce popularmente al masculino. Y como el hombre fue por siglos, quien ostento el poder político en el mundo y en las naciones, la idea de pertenencia de la mentira y el engaño era cosa sólo de hombres.
Con el consecuente hartazgo de las respectivas sociedades, los mismos hombres y por supuesto las mujeres, creyeron que dar paso a gobiernos encabezados por mujeres, terminaría con siglos de malos gobiernos encabezados por los nefastos masculinos mentirosos y traicioneros, saqueadores del erario. Y se terminaría el histórico problema.
Hoy en día, nos damos cuenta de que, la exclusividad de la mentira y el engaño no es única del hombre y que, también, la mujer gobernante miente, traiciona y roba a su pueblo de múltiples maneras. La mentira es una práctica que tradicionalmente la opinión pública relaciona con la carrera política.
Esta postura ampliamente aceptada entre los miembros de las sociedades democráticas, con independencia de su edad o color político, se construye sobre una imagen artificial en la que habitualmente pensamos que la política en general y los políticos en particular -hombres o mujeres- eran más sinceros y francos en el pasado, mientras que los candidatos políticos de las actuales democracias representativas aparecen como mentirosos compulsivos.
Esta idea ha llegado a extenderse en México especialmente, con la llegada de la Cuarta Transformación y su partido MORENA, en compañía de sus aliados políticos del movimiento -PVEM y PT- pero también, de la misma oposición política que ha sucumbido a los encantos de diversas negociaciones del presupuesto, en el caso de los pocos partidos que gobiernan en los estados, distintos a MORENA.
La mentira, el engaño y el robar -corrupción- así cómo, la ocultación de información pública, al grado de llegar hoy en día a la censura y control de las audiencias por parte del actual gobierno de MORENA y sus aliados, han logrado que la mentira sea la moneda de cambio en cualquier municipio o entidad federativa del país, pasando penosamente por los millones de familias que hacen de la mentira y el engaño, una forma de vida diaria.
La descomposición de la sociedad y de sus estructuras de gobierno, es total. Es una pena y más aún, que nadie hace nada.




