domingo, agosto 30, 2026
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La inundación de 1926 que marcó a la ciudad

Durante junio se conmemoran diversas efemérides, pero en León también se recuerda uno de los episodios más dolorosos de su historia: la inundación del 23 de junio de 1926, una tragedia que hace exactamente un siglo dejó una profunda huella en la ciudad.

El acontecimiento permanece documentado en el Archivo Histórico Municipal y ha trascendido a nuevos formatos, desde podcasts hasta publicaciones en redes sociales que recuperan la memoria de aquel desastre.

Mientras en México el gobierno de Plutarco Elías Calles promulgaba la llamada Ley Calles y aumentaba la tensión entre la Iglesia y el Estado, León enfrentaba una intensa temporada de lluvias. Como recordaba el cronista Arturo Navarro Valtierra, la ciudad siempre ha padecido por la escasez o el exceso de agua; aquella ocasión ocurrió lo segundo.

La inundación, comparable por su magnitud con la de 1888, provocó la destrucción de más de mil 500 viviendas y dejó escenas de desesperación entre la población. En su libro Inundaciones graves de León, editado por el Archivo Histórico Municipal, Navarro Valtierra relata cómo familias enteras buscaron refugio en los puntos más altos de la ciudad y en edificios públicos como el Teatro Doblado, el Palacio Municipal, el Seminario y diversos templos.

“Era común ver pasar por las calles multitud de objetos, animales ahogados y uno que otro cadáver de los desventurados que no habían logrado asirse a la tabla salvadora. El terror, la locura y la desesperación se advertía en los rostros de algunas gentes; unos rezaban y otros lanzaban imprecaciones. Caminaban con dificultad por las banquetas agarrándose de las ventanas llevando en hombros a sus pequeñuelos y enfilaban a los lugares más altos, el más favorecido era el cerro del Santuario. En muchos edificios se dio albergue, como el Teatro Doblado, el Seminario, el Palacio Municipal, los atrios e interiores de los templos más elevados de la calle, la Plaza de Toros Reforma, Escuela Modelo, Círculo Leonés y casas particulares que filantrópicamente abrían sus puertas”.

A cien años de distancia, la tragedia permanece como uno de los capítulos más significativos de la historia leonesa y como testimonio de la capacidad de la ciudad para reconstruirse, resumida en su lema: «El trabajo todo lo vence».

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