miércoles, septiembre 2, 2026
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Un día después.

No se trata de ninguna trama cinematográfica, tampoco de un libro. Tal vez de una obra de teatro puesta en escena.

Cada 3 a 6 años, aunque más en los fines de sexenio, se desencadena una serie de eventos que bien podrían ocupar los primeros lugares en las carteleras teatrales o del cine y una que otra nominación a los premios del Oscar, en la categoría de mejor diseño de producción, mejor montaje y mejor actor de reparto. En estos días se desatan los monstruos que reprimidos en su actuar, son liberados, para competir  creando historias y tramas que nada tienen de  amor,  como en la película de Guillermo del Toro, La Forma del Agua.

Monstruos nada benévolos ni personajes cautivadores figuran en la producción, que transforman sentimientos en actos y representaciones hacia el público cautivo y estupefacto ante tan elocuente interpretación.

Con su influencia, aumentada por medio de la lupa de los medios de comunicación, difunden historias que permean las mentes de la sociedad, creando confusión, miedo, distracción, sembrando el más siniestro sentimiento: la duda.

Los personajes de la presentación estelar no suman, pero si dividen y multiplican la incertidumbre, favoreciendo las fantasías apocalípticas que otros transforman en beneficios para su grupo o facción.

La duda cierne a la sociedad, como si estuviésemos ante los efectos de una tormenta perfecta o el cambio climático hacia una glaciación o un movimiento telúrico de proporciones catastróficas.

De los precandidatos que representan los partidos políticos más importantes en este momento, montan cual jinetes aterradores llevando noticias que presagian el mal que se avecina y que se encuentra entre sus contrapartes cabalgantes.

Imaginemos, un día después de las elecciones.

Así como mencioné en un artículo previo relacionado con “La Felicidad” (ver Heraldo León, 29 de enero, 2018), el resultado estará en nuestro poder.

Un amplio margen de los resultados estará en lo individual, en lo que cada uno de nosotros podrá hacer para transformar una elección hacia algo positivo.

Hay ciertos obstáculos que deberán ser tomados en cuenta, para convertirlos en oportunidades:

Los falsos mesías, los salvadores y candidatos incapaces de hacer el cambio.

Los demagogos, profetas apocalípticos, con nula educción y preparación o con la suficiente cultura, pero mezquinos y ególatras.

Los limitados partidos políticos y sus centauros.

El voto por miedo o presión.

El pánico de muchos temerosos oyentes de las noticias manipuladas, que afectan sus cerebros receptivos y poco preparados.

En vivir en el pasado por miedo al futuro, sin vivir el presente.

En el decir ya basta.

En el permanecer estáticos, temerosos.

Ese día después, es imaginar un cambio social sin precedentes hacia la honestidad, la participación de todos los ciudadanos en un país unido, participativo, creativo y fuerte.

Emitir nuestra opinión con fuerza.

Ellos no son la única opción o la última botella de agua en el desierto.

Evitemos que la elocuencia fingida de uno o varios candidatos, libere la estupidez y la credibilidad  de quienes la recibimos.

La mentira, que trasmiten los políticos y sus partidos políticos, su verdad, es tan sólo el embuste conformado por el apetito, engreimiento e ingenuidad de los que la recibimos, pensando que si obtenemos un puesto, un hueso, una palmadita en la espalda, podremos cambiar nuestra realidad.

Es hora de despertar.

Deja de tener miedo y quejarte. ¡Haz algo!

Lo que sea pero ¡hazlo ya!, para  no quejarte de los resultados de un día después.

¡Hasta la próxima!

dr_rethcuel@yahoo.com

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