Enseñar a pescar…
No hace mucho en este espacio, hice mención que nuestro país continúa socialmente dividido.
-Todos los días lo palpamos.
Realmente no queremos ver lo que sucede.
Con un sombrero de paja medio raído, una expresión de ingenuidad, súplica y timidez llegó a mi consulta un hombre marcado por el tiempo, de apariencia joven, aunque ya escondía algunos ayeres. Trató de expresarse lo mejor que pudo, sin embargo, se notaba su limitación en cuanto al conocimiento de nuestro idioma. Es lo que ha escuchado durante mucho tiempo.
Esa forma tan característica que nuestra gente tiene al hablar de sumisión y de un idioma rancio que en algún tiempo se utilizó, quedando aún los vestigios de la antigua colonia, en la forma de dirigirse a una persona para ellos, de mayor cargo o que consideran de respeto. Con muchos rodeos y explicaciones del motivo por el cuál él se encontraba frente a mi. Finalmente dijo el motivo de su padecimiento.
Soy de La Estancia de Comanjilla*.
El trabajo en el campo ha sido su vida y el de toda su familia. Cuidando unas parcelas de un ejido que heredó gracias a que un hermano le ayudó a revivir un pedazo de tierra, que, con esfuerzo, sin recursos, le proporcionan un poco de alimento.
Frijol, maíz y chile.
¡Sólo de temporal! Exclamaba contrariado. Ésa es mi comida. Carne de pollo cuando matamos una gallina, pero sólo de vez en cuando, muy pocas veces.
El gobierno no nos apoya, decía una y otra vez.
¿Es culpa del gobierno?
Solemos insinuar que sí lo es. En la realidad somos todos nosotros, que, de alguna forma pretendemos ser paternalistas. Llevamos en nosotros escritos el desprecio hacia los que consideramos nativos, o indígenas, como decimos coloquialmente. En nuestro material genético lo tenemos, muchos sin saber.
Una forma despectiva utilizada cotidianamente, por todos.
Aprendido a pedir, a esperar que se les dé, en lugar de buscar unidos, en comunidad para superarse. El campo, repartido y dejado al garete. Consumen sus días enajenados por el alcohol y ahora las drogas, en las que encuentran un refugio no sólo personal para olvidar sus penas, también como fuente de ingresos.
Sus rodillas incapaces de brindar soporte son un continuo malestar porque se han desgastado en el caminar, en postrarse para cosechar en la breña. En esa tierra desquebrajada por falta de agua y monocultivos que agotan el subsuelo.
Acude para que, esperanzado por un milagro, como el que sucedió el 12 de diciembre de 1531, año metlactli omey acatl, 13-caña, fecha inmortal que quedó impresa en un huipil y recordatorio para todos los mexicanos, el médico alivie en forma temporal ese sufirmiento.
La presencia del reblandecimiento de los huesos por falta de calcio (osteomalacia), además del desgaste continuo del cartílago que provoca la fricción constante entre articulaciones, limitando invariablemente el trabajo.
-“Tengo Seguro Popular” con un dejo de enojo y resignación. No me hacen caso, sólo me dan calmantes que ni sirven y sí afectan mi tripa.
No hay dinero “dotorcito”, pero sí muchas ganas de vivir y seguir trabajando. Ya me dijo, otro “dotor”, que tambien tengo hernias en la espina. Eso debilita las fuerzas de las piernas y me da dolor de un nervio que se pone “así de grueso”, señala con los dedos índice y pulgar.
Sus ojos me miraron profundamente, con esa mirada de súplica y espera. También con reserva y duda.
Después de un examen físico minucioso hice mis comentarios.
Se fue agradecido.
Lo vi alejarse y con él a ese México que arrastra el pasado, que no quiere soltar. Seguir viviendo víctima de su ancestral cultura. Cargando el peso del tiempo, las penas. Quizás para obtener por lo menos lástima y limosnas sin hacer un esfuerzo por salir de la inogminia. O, por el desconocimiento que lo limita y lo encadena a su situación.
Hacernos conscientes es observar la realidad. Transformarse y ser responsables de nostros para poder cambiar e influir a los demás.
Toda acción genera otra de la misma intensidad.
Podriamos ayudar a las comunidades, con nuestas ideas, trabajo y mano de obra. Tal vez, una vez al mes.
«Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida» (Proverbio chino).
Y como dijo Javier mi hijo, enséñale a construir la caña, los botes y cómo obtener recursos y los harás independientes, productivos de por vida (Fundación Intégrate México)
¡Hasta la próxima!
* La población total de La Estancia de Comanjilla (La Estancia) es de 255 personas, de cuales 124 son masculinos y 131 femeninas. Los ciudadanos se dividen en 108 menores de edad y 147 adultos, de cuales 29 tienen más de 60 años. De la población a partir de los 15 años 30 no tienen ninguna escolaridad, 103 tienen una escolaridad incompleta. 28 tienen una escolaridad básica y 3 cuentan con una educación post-básica.




