miércoles, agosto 26, 2026
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¿Yo, ayudar?

El cambio que se requiere y  necesita depende de muchos factores.

Es poco probable que una transformación se realice sin el consenso de todos los mexicanos.

-En verdad.

 Pertenecemos al equipo de la “unidad”.  No por formar un elemento estable, finamente sintonizado.

Me refiero a la “unidad” como un sujeto, indivisible.

Somos recalcitrantemente egoístas.

Hace poco un grupo de ex compañeros que estudiamos desde la primaria creamos un chat para fomentar la participación. Sobre todo, la unión y el apoyo que podemos brindar entre cada uno de nosotros para generar negocios, o resolver problemas.

Inicialmente con mucho interés y propuestas vimos como todos los participantes se comprometían en aportar ideas, trabajo, apoyo. Se propusieron infinidad de proyectos, reuniones y eventos. Cada participante solo estaba viendo por su particular interés, ninguno dio su brazo a torcer para crear un plan adecuado o maestro en donde la comunidad pudiera ser creativa, productiva…..unida.

Las palabras más usadas fuero yo soy, yo hago, yo quiero, yo tengo, yo hice, yo, yo, yo, etc.

Luego, eso sí, muchos querían reuniones, comidas y bebida para relajarse y si era posible hacer negocio. Una fecha, muchas sugerencias de cambio.

No se tomaron en cuenta a personas fuera de la Ciudad de México, los de “provincia”.

Finalmente se  programó la reunión.

El resultado, muchos faltaron. Nada en concreto, algunos hicieron presentaciones. No todos quedaron convencidos, pues cada uno llevaba una idea personal, unas financieras (inversión en fondos) otros de ventas de inmuebles, consultoría empresarial o jurídica, entre otras .

Siempre algo que vender. Algo que jalar para mi molino. Ninguna propuesta integral. Los demás platicando de lo bien o mal del que esta el país, de problemas, de chistes y recuerdos, eso sí muchos recuerdos de nuestros años mozos y buenas intenciones.

Estoy seguro que podríamos cambiar muchas cosas que suceden con una acción simple: ayudar.

Nos encanta decir, en situaciones delicadas, una expresión que se dice en forma coloquial pero que conlleva una gran responsabilidad cuando la expresamos: “por favor no dudes en llamar, si necesitas algo, en lo que te pueda ayudar”.

-Pues, no es cierto.

Ya que cuando acudes con las personas  te dicen:

 -Haré lo posible o, déjame ver y te llamo más tarde.

No.

Así no es.

Si puedes ayudar, en ese preciso momento le dices el qué y el cómo o con quién.

Te responsabilizas.

Haces la llamada y esperas la respuesta.

En verdad le ayudas.

El nos ponemos de acuerdo, es una forma de decir, no quiero o no me importa.

Cuantos problemas podrán solucionarse si en verdad ayudáramos sincera y honestamente.

Hace poco, por recomendación de uno de mis hijos, leí el libro “Bad Blood” (Mala sangre, su traducción literal, de John Carreyrou).

El negocio de equipos médicos para mejorar la salud (Theranos, 2003-2018).

Determinar con una gota de sangre una serie de situaciones en la evaluación de los tratamientos contra el cáncer. Los equipos nunca sirvieron. Fue un gran fraude. Sin embargo, lo interesante de la historia es lo que motiva a muchos seres humanos, que no son principios permanentes. Solo valores cambiantes, junto con las lealtades de unos contra otros, el poder y el dinero.

El resultado, los pacientes engañados, al igual que muchos otras personas. Además, como dice el título del libro, no solo mala actitud, efectivamente malas intenciones, “mala leche…. mala sangre”.

La dueña (Elizabeth Holmes, 3/02/1984) una mujer muy joven que abandonó sus estudios (Universidad de Standford) para constituir una empresa. En su afán de crecer y convertirse en un a versión femenina de Steve Jobs (Apple), consiguió que funcionarios de Apple formaran parte de su equipo con engaños. No le importó utilizar o mentir descaradamente. Desarrolló una zona de hermetismo laboral. Sus acciones  paulatinamente provocaron daño.

Otros, a su alrededor, fueron heridos directa o indirectamente.

Un conocido empresario relacionado con la familia de la dueña, se sintió afectado por no habérsele consultado. Éste, un sujeto acaudalado, poderoso,  vengativo por naturaleza. Ofendido por no habérsele pedido opinión desde el principio en el crecimiento y desarrollo del proyecto tecnológico. Experto en ese campo y que arruinó la reputación de otras personas simplemente porque no lo saludaron.

En este caso no fue el saludo omitido.

Más bien la indiferencia recibida al no pedirle ni siquiera su opinión. No dudó, ni un instante, en fomentar la caída de la joven empresaria en vez de buscar una forma para apoyarla o ayudarla y que ambos obtuvieran un beneficio.

Eso no.

¡Claro que no!

Su destrucción si.

Es nuestro egoísmo e ignorancia asociada a la corrupción. Muchas personas podrán tener dinero, no educación y en su afán o envidia por poseer más afectan a otros.

En México solo nos importan los valores del poder, dinero, influencia, posición, e individualidad.

¿Ayudar?

Por supuesto que….¡NO!

¡Hasta la próxima!

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