Todo comenzó el 22 de noviembre de 1991, en la ciudad de Quito, Ecuador. De una noche para otra varios taxistas y conductores de camiones eran asesinados a sangre fría. Todos los crímenes tenían el mismo modus operandi: el arma asesina era una pistola 9 milímetros y ocurrían los fines de semana.

De noviembre de 1991 a enero de 1992, los ciudadanos ecuatorianos, y sobre todo los trabajadores del volante, estaban aterrados. Quedaba claro que se trataba de un asesino serial, pero no tenían más información al respecto.

Con el paso del tiempo salió a la luz la verdad: el responsable era un muchacho de 16 años llamado Juan Fernando Hermosa, que dirigía una banda de adolescentes que asaltaban taxistas y homosexuales para después asesinarlos. Como era de esperarse, toda la gente reaccionó con horror y sorpresa, y mientras el chico era conocido como “Niño del terror” a su grupo se le llamó “La banda del terror”.

Hermosa detenía un taxi y pedía que lo llevaran a la periferia de la ciudad. Se comportaba como un muchacho más, que salía de parranda la noche del sábado. Después, disparaba al conductor y desaparecía del lugar de los hechos. Se trataba de un criminal inusual para Latinoamérica, donde los asesinos en serie no son tan “comunes” como en Estados Unidos.

Juan Fernando era un muchacho que vivía con su madre, quien padecía sordera severa, y había abandonado la escuela. En el operativo para su captura a cargo del comandante Fausto Terán, hubo una dramática balacera en su casa que terminó con la vida de la señora, quien al no escuchar las descargas jamás se guareció. Respecto a si fue un accidente o asesinato premeditado de las autoridades, no deja de provocar cuestionamientos de activistas de derechos humanos que apuntan fue extrajudicial.
Sea como fuere, Juan Fernando fue a la correccional de menores.
Parecía que iba a cumplir su condena tranquilamente, pero escapó gracias a su novia asesinando a un custodio. Corría el año 1993.

El muchacho cruza la frontera con Colombia y sobrevive vendiendo joyas robadas, pero es capturado por segunda vez. Sin embargo, solo cumplió una pena de 4 años debido a su corta edad y salió libre, provocando la ira de la ciudadanía.

Hermosa quiso empezar su vida desde cero y fue a vivir con su padre después de su liberación. Parecía que el caso estaba cerrado… pero estas historias no terminan así.
El 28 de febrero de 1996 “El niño del terror” fue hallado muerto a orillas del río Aguarico. Tenía las manos atadas y el rostro desfigurado a causa de cortadas con machete y golpes. Hasta el día de hoy no se conoce al responsable, pero presuntamente fue el familiar de alguna de sus 20 víctimas.

CONTRAPARTE
El tema de Hermosa es sensible para la sociedad ecuatoriana hasta el día de hoy.
Por ejemplo, en el texto “Monstruos construidos por los medios: Juan F. Hermosa, el “Niño del terror”, la académica Milena Almeida señala que no se le dio voz a los amigos del joven asesino, pues “eran delincuentes, dementes, locos y a los locos nadie les cree”. Estos declararon que eran herramientas para llevar a los taxistas a ser asesinados por Joffre Lima, un militar que les guardaba rencor, pues uno de ellos abusó de su hija.
Por otro lado, el documental “Tras la sombra del niño del terror” de Vladimir y Marco Soasti, es un recorrido de los hechos.

Sin duda, el caso queda escrito en los anales de la historia del crimen de América Latina, y como tal, presenta muchas aristas.

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