
Sin duda alguna, una de las noticias más relevantes de esta semana en cuanto a crímenes mediáticos ha sido la detención del popular influencer Rodolfo ‘Fofo’ Márquez, quien fue arrestado por golpear a una señora de forma inmisericorde. Ya ha sido vinculado a proceso y encerrado en prisión, tras años de presumir en sus redes sociales una vida de lujos. El caso deja sobre la mesa un intenso debate: cuando los influencers, estas celebridades surgidas en internet, cometen un crimen y se vuelven epicentro de la opinión pública.
Por desgracia, el caso de ‘Fofo’ no es el primero en el mundo y quizá no sea el único (de hecho, abundan, y por cuestión de espacio es imposible abordarlos todos), pues el hecho de que notifiquen, literalmente, todo cuanto hacen a través de Facebook, Youtube, Instagram, Tik tok y X permite que su vida y sus acciones sean parte de la opinión pública.
El caso más famoso a nivel mundial sea el de Andrew Tate, quien de subir videos abiertamente misóginos y ser kickboxer profesional, fue arrestado por trata de mujeres, violación y actividades vinculadas al crimen organizado.
Quizá uno de los casos más aterradores sea el de Randy Stair, quien el 8 de junio de 2017 fue responsable de un tiroteo en un supermercado de Pensylvania donde trabajaba, asesinando a 3 compañeros de trabajo y finalmente, suicidándose. Fue otro trabajador quien alertó a la policía. Randy, un joven de 24 años documentó todo el crimen en redes sociales, y se notaban sus problemas emocionales en su canal de Youtube, titulado ‘PioneersProductions’, donde hablaba de temas tan diversos como la muerte o la serie animada ‘Danny Phantom’, de la que era fan. En total, el asesino, quien en internet usaba el seudónimo de Andrew Blaze, realizó 59 disparos. Horas antes de perpetrar la balacera, subió un video titulado ‘La gran masacre de Westborough’.
El pasado 8 de abril fue el caso más reciente, cuando la influencer que hablaba de astrología, Danielle Johnson, asesinó a puñaladas a su pareja, arrojó a sus dos hijas desde un coche en marcha y finalmente, se estrelló contra un árbol yendo a una velocidad de 160 kilómetros por hora. Presuntamente, sus acciones fueron causadas por un infundado y supersticioso temor al eclipse.
UNA PANTALLA
Uno de los casos de influencers criminales más recientes, más desconcertantes y que destaca por su hipocresía, es el de la estadounidense Ruby Franke. Desde principios del 2005, comenzó a subir videos a Youtube a su canal, que tituló ‘8 Passengers’ y documentaba toda su vida con su esposo e hijos. Con el paso del tiempo, comenzó a dar consejos de maternidad y cuidado de los niños. Para 2020, ya contaba con 2,5 millones de suscriptores. Entonces, los usuarios se dieron cuenta que realizaba acciones cuestionables, como quitarles la cama a sus hijos y mandarlos a dormir a un puf en su sala.
Lo que parecía un mero castigo, fue despertando sospechas. Uno de sus hijos escapó por la ventana y pidió ayuda al vecino, quien a su vez llamó al 911. Resultó que Ruby maltrataba a sus niños, atándolos con una cuerda y les echaba pimienta en las heridas, entre otras torturas. Fue detenida junto con su socia comercial, Jodi Hildebrandt. El pasado febrero recibieron una condena de 1 a 15 años de cárcel. El fiscal de Utah a cargo del caso, Eric Clarke, declaró que los niños vivían en un ambiente digno de un campo de concentración.
En el lado opuesto, está el de las víctimas: influencers que han padecido la delincuencia por su ostentosidad, presumiendo todos sus lujos. Tal fue el caso de la socialité Kim Kardashian, quien tras presumir sus lujos en Instagram fue asaltada en la Semana de la Moda en París.
El fenómeno de los crímenes ocurridos por celebridades de internet es amplio y extenso. Dos excelentes libros sobre el tema son ‘La red oscura’ de Eduardo Casas y ‘Homo criminalis: El crimen a un clic’.




