martes, septiembre 1, 2026
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Indígenas anhelan una mejor calidad de vida

Arriban a nuestra ciudad

Los indígenas que llegan a la ciudad de León ven en ello la esperanza de generar una mejor vida para sus hijos.

Estela llegó hace una semana de Chiapas, un Estado muy pobre, donde no contaban con las condiciones básicas para poder subsistir, y qué decir de escuelas, donde es el mayor impedimento para que los niños puedan aspirar a una mejor calidad de vida.

En el país, aun con la colonización, existen 68 lenguas indígenas; sin embargo, sólo 6.5% de la población de 3 años y más, habla alguna de esas lenguas, es decir, 7 millones 382 mil  785 personas. De ellos, cerca de un millón hablan una lengua indígena y no hablan español; es decir, son monolingües.

Este viernes se celebró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, donde cientos de indígenas se manifestaron a fuera del Palacio Nacional de Gobierno, por las condiciones de negligencias y de riesgo en el que viven en las comunidades rurales.

“Nosotros vivimos en un pueblo que se llama Mancín, sembramos, pero a veces no tenemos para comer, ni para darles a los niños. Por eso nos venimos aquí, nos dijeron que aquí hay oportunidades”, manifestó Estela.

MADRE A TEMPRANA EDAD

A sus 19 años Estela tiene ya dos hijos, el primero lo tuvo a los 16 años, y el segundo tiene apenas un año.

La falta de alimento es evidente cuando se ve el cuerpo pequeño de los niños, y el de la propia madre, que tiene rostro de niña.

Estela se vino con su esposo, de oficio peón de albañilería, cargaron a sus dos hijos, y en ello el sueño de vivir mejor.

La joven pareja se trajo además a dos niñas de 12 años, de nombre Marta Cenaida, y Araceli, ambas hermanas de la pareja.

EDUCACIÓN

Estela quería estudiar, pero la falta de oportunidades en su pueblo la orillaron a ser parte de lo mismo. Se casó a los 15 años y fue madre a los 16, sin embargo, no quiere que sus hijos puedan aspirar sólo a esa vida.

“Yo quiero que ellas estudien, que puedan hacer lo que les guste, que no sean lo mismo que nosotros”, refirió.

DISCRIMINACIÓN

Su vestimenta indígena ha sido la causa de que en la ciudad la vean diferente, y aunque Estela y sus hijos no saben qué significa discriminación, interpretan las miradas de rechazo de algunas personas.

“Nos ven feo, con desprecio, como si apestáramos. Mi ropa no es como la suya, nosotros la hacemos”, comentó.

Estela desde temprana hora se para en los cruceros, hace acrobacia con dos niños cargados y lanza pelotas, como acto circense, a fin de ganar unas monedas y ayudar en la alimentación de sus hijos.

Las niñas ven con detenimiento la universidad en la avenida Insurgentes, justo a unos pasos de donde ellas piden una moneda para poder comer. 

 

 

 

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