
El bulevar Mariano Escobedo es uno de los más transitados de la ciudad. Uno de sus puntos con mayor afluencia, es donde se encuentra el cementerio San Nicolás. Cientos de coches y transeúntes pasan por allí a diario, olvidando cómo ha crecido con el transcurrir de los siglos.
Recientemente se publicó el libro ‘Las haciendas de León’ disponible de forma gratuita en el Archivo Histórico Municipal. En ese documento se habla de estos inmuebles tan valiosos para la historia de la ciudad. Algunos se encuentran en la zona rural otros han sido devorados por la mancha urbana. Una de estas fue la Hacienda de San Nicolás de Urteaga, que desde el siglo XVII comenzó como un lugar de suma importancia para la ciudad.
En el libro antes mencionado, escrito por el arquitecto y director del Archivo Histórico, Rodolfo Herrera, se cuenta sobre la hacienda que hoy en día es parte del urbanismo y el progreso. En 1833 la ciudad era víctima de una epidemia de cólera morbus por lo que los cadáveres empezaron a crecer de forma alarmante.
En ese entonces, la Hacienda de San Nicolás de Urteaga era una de las más importantes. Su propietario era Don Francisco Urteaga, quien cedió parte de su terreno para construir lo que hoy en día es el cementerio. La ironía no pudo ser mayor, pues el hacendado enfermó, convirtiéndose en el primer difunto en habitar el terreno.
“San Nicolás, después de haber estado en posesión de cuatro generaciones de la misma familia, despareció bajo la mancha urbana de la ciudad. De la casa grande sólo queda el trozo de un muro, único testimonio, que se encuentra atrás de los locales ubicados en la esquina de los bulevares Mariano Escobedo y Hermanos Aldama”, recuerda el libro de Herrera.




