El día 7 de febrero, el Consejo general de la Universidad de Guanajuato, desarrolló un evento para honrar la memoria de dos pilares fundamentales de la institución, que contribuyeron a objetivar lo que hoy, es producto del devenir histórico de la Casa de estudios superiores del Estado.
El abogado Enrique Cardona Arizmendi, será recordado por la honradez en el desempeño de su profesión, por la discreta elegancia, por el apego a normas de etiqueta y por la cátedra que durante años impartió con señorío ampliamente reconocido. Sus prendas personales influyeron en el perfil de muchos egresados de la prestigiada Escuela de Derecho e inspiraron el desarrollo de personalidades que brillaron bajo el influjo de ese talante.
El Abogado Cuauhtémoc Ojeda Rodríguez, forjado en los valores que el maestro Cardona cultivó, se constituyó en heredero de las virtudes de su maestro y se empeñó en dar al universitario, la humildad que debe tener, quien ha elevado su espíritu al haber asimilado el conocimiento como forma superior del ser esencialmente racional.
A Ojeda se le recuerda por su entrega al quehacer universitario, por el ejercicio constante de una pasión por lo esencialmente universitario, quien debe evolucionar para constituirse en actor organizado al servicio del desarrollo de la comunidad.
En ese contexto, surgió recia la personalidad del doctor Luis Felipe Guerrero Agripino, con decidida vocación por la objetivación de valores practicados por los maestros que le antecedieron en la Rectoría de la Universidad de Guanajuato; en la decisión de lo que ha de ser, la constante trayectoria hacia el fortalecimiento organizado de los universitarios, que como los justamente homenajeados, habrán de ser motivo de inspiración, en la seguridad de que los valores universales, representan opción irrenunciable, en el actuar y la conciencia de los universitarios cabalmente logrados.
La gratitud, es virtud que honra a quien la practica. El reconocimiento al intrínseco valor de conductas, atribuidas a personas que honraron la cátedra, la solidaridad, la empatía y el respeto por la Universidad, es obligación moral de la comunidad en su conjunto. Quienes tuvimos la oportunidad de compartir un tramo de la vida con esos personajes, sentimos profundo respeto por su memoria.
La Universidad, entregada con pasión a impulsar el conocimiento en paz, debe continuar su camino, para que el día de mañana, quienes han de venir, puedan agradecer la entrega de quienes hoy, tienen la distinción de servirle.




