jueves, septiembre 3, 2026
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FLORES A MI ABUELO

     Es extraño cómo recordamos las cosas, y seguramente en este recuerdo estoy cometiendo varias imprecisiones, pero como es un recuerdo que me permite tener a mi padre y a mi abuelo presentes, lo mantendré intacto.

     Si hay algo que me gusta hacer, es chismear los libreros, así que tanto en casa de mis padres como en la de mi abuelo, acostumbraba a hacerlo para toparme con toda clase de títulos, pero en especial para sacar los álbumes de fotos que tan minuciosamente iba llenando mi tía Marie antes de que las fotografías se hicieran desechables… en fin, a los 13 o 14 años, descubrí una coincidencia entre el librero de mis padres y el de mi abuelo, una serie de libros que juré todo Almanza leía para ser un verdadero Almanza, y entonces me lancé a su lectura. Bueno, lo intenté varias veces con el primer libro de la saga: “Flores en el ático” (1979), pero no logré pasar de las primeras páginas. Entonces, algún día en algún canal pasaron la película de 1987 (nada recomendable) y supe que tenía que continuar con el resto, ¿por qué?, por morbo. Me pareció tan impactante la historia de una madre y una abuela que deciden encerrar a 4 niños en un ático y cometen toda serie de atrocidades contra ellos, más el impactante despertar sexual de los hermanos mayores y los espeluznantes secretos familiares, no pude parar.

     De “Flores en el ático” salté a “Pétalos al viento” (1980), cuando los hermanos logran huir del ático y reconstruir sus vidas enfrentando toda clase de traumas más la necesidad de venganza. Luego, “Si hubiera espinas” (1981), la historia de los hijos de Catherine, la hermana mayor; el cuarto, “Semillas del ayer” (1984), la historia de la madurez de los hermanos mayores, y finalmente “Jardín sombrío” (1987),  la historia de la abuela, el cual se especula no fue escrito por V. C. Andrews, que ahora sé es Virginia Cleo Andrews. Cuánto tiempo fue un misterio para mí esta escritora estadounidense, pues la contraportada de los libros presentaban la foto de una mujer de rasgos duros e historia de vida trágica.

     Ahora, muchos años después de haberla leído con obsesión durante la secundaria, (lo que obvio reafirmó mi fama de rara y fenómeno, pues mis compañeros se deleitaban con Los Simpoms y MTV y yo con los hermanos Christopher, Catherine, Cory y Carrie Dollanganger), no me atrevería a hacer una “crítica” literaria, solo a decir que de los 5 libros, conservo tres viejas ediciones, uno nuevo y me falta el último (ya va a ser Navidad), porque si no mal recuerdo, me lo prestó mi abuelo o mi tía y tenía que devolverlo formalmente… y si no mal recuerdo, todo Almanza que se precie de serlo, debe leerlos. Y si no, estoy segura de algo, siempre esos libros me recordarán a mi abuelo, que el jueves 6 de diciembre cumple 105 años y que fue doctor, pintor y un gran lector. Ahora los años le han cansado la vista y el oído, pero eso sí, no deja de chiflar tarareando viejas canciones de las que su cabeza llena de historias y recuerdo, no pierde memoria. Como yo no pierdo la esperanza de que mi hija y mis nietos y mis bisnietos y los que les sigan, continúen con la tradición. O en su defecto, espero haberlos contagiado a ustedes de morbo e intriga por la trágica y espeluznante historia de la familia Dollanganger.

Correo: lidia.almanza.orozco@gmail.com

Twitter: @LibrosLidia

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