Al celebrar su 441 aniversario, la ciudad de León evoca los pilares de su fundación, la fraternidad de su gente y la pujanza de un pueblo apegado al misticismo de su lema: “El trabajo todo lo vence”.
Hoy, la ciudad reluce los peldaños de su pasado como cimiento de su presente, un pueblo que ha vivido episodios de adversidad, como tragedias y desastres naturales, que con la unión y la reunión de los leoneses ha superado con creces.
El bonito León, Guanajuato, acaricia los aires del 2017 para refrendar su lucha, sin tregua, a los principios de su acta de fundación que protocolizó el nacimiento de aquella Villa de León, asentada en el Valle de Señora.
Los textos alusivos hoy son compartidos por EL HERALDO de León con el apoyo de su hemeroteca y datos recabados en el Archivo Histórico Municipal:
TRAZOS DE GRANDEZA
El Acta de Fundación de la Ciudad de León es un documento que destila la esencia del pueblo leonés, que un 20 de enero de 1576 signó los trazos que hoy conforman el cimiento de una gran ciudad.
Se constituye como Villa de León con sólo 50 pobladores, en el paraje del Valle de Señora que atestiguaron los fundadores hace 441 años.
A ellos, los hombres y los nombres inscritos en el ejemplo generacional, los leoneses rinden una mención y reconocimiento en esta fecha memorable que se evocan la sucesión de hechos históricos que hoy atestiguan su nacimiento.
LOS FUNDANDORES
Capitán Andrés López de Céspedes, Antonio Rodríguez de Lugo, Agustín Chagoya, Jorge Duarte y sus hijos Jerónimo y Juan, Pedro Gómez y sus hijos Baltazar y Gaspar, Diego de Hinojosa y Balderrama, Diego Hernández, Tomás Hernández, Juan Martín de la Rosa, Agustín Rodríguez, Antonio de Silva, Capitán Alonso de Torres, bachiller don Alonso Espino, Alonso de Belmonte, Pedro Calderón, Diego Frausto D´Aponte, Ruy Díaz, Marco Francisco, Capitán Juan Gordillo, Alfonso Guzmán, Cristóbal Martín, Rodrigo Martín con su hijo, Diego Martínez, Miguel Ramírez, Alvaro Sánchez, Tadeo Salvarel.
EL ACTA
“Después de haber presentado al señor alcalde de la Corte de la Previsión Real de D. Martín Enríquez, en 20 días de dicho mes de enero del susodicho año de mil quinientos setenta y seis años el dicho señor alcalde de la Corte, para señalar el asiento y sitio de la dicha ciudad, que el presente, por no haber los cien vecinos, y haber parecido los cincuenta o más, SE LE DA Y SEÑALA EL NOMBRE Y TÍTULO DE VILLA DE LEÓN, fue con los dichos vecinos y pobladores de ellas, declarados en la petición de uso, a buscar en el dicho Valle de Señora la parte más cómoda y conveniente para el dicho sitio; y habiendo llegado a un arroyo que pasa por la orilla y caída de una albarrada grande, en una loma o mesilla, poco antes de llegar al asiento que dicen de la Estancia de Señora, y habiendo andado y mirado allí ese día e otros el dicho lugar, y tratado y conferido sobre cuál sería la parte más cómoda para hacer el dicho asiento, pareció ser allí lugar conveniente , y así, al oriente de dicho arroyo, el señor alcalde de la Corte dijo que allí, un poco desviado, le parecía conveniente se hiciese dicho asiento de la Villa de León, y así lo dijo, que en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios Verdadero, dicha Ciudad o Villa, y luego mandó medir y trazar la plaza de 300 y 600 pies en cuadra que cada lienzo de la dicha plaza y delante de las casas que en ella se labrasen, tuvieran una esquina, la medida de los solares de sesenta pesos comunes, quede por plaza desembrazada, sin que ninguna otra persona pueda labrar, ni edificar en ella y de cada una de las esquinas procediese una calle 4 encrucijadas de 35 pies de hueco de pared a pared, y mandó trazar 25 cuadras de a 6 solares de la dicha medida, se entiendan 60 pasos comunes en cuadra, y las dichas cuadras corren derechas de norte a sur y de este a oeste como constará por la pintura de traza que para ello mandó hacer.
“Dijo que señalaba y señaló por sitio para la iglesia de dicha Villa, una de las cuadras de la dicha plaza, la que cae al oriente, que tenga los dichos 6 solares, para que se labre, funden edificios y casas a ellos anexos. Señaló sitio para las casas de justicia, de cabildo, cárcel y mesón la otra cuadra frontera, y lo que quedare será por propios de la dicha Villa y ciudad; las otras cuadras que quedaren de norte a sur con las demás, sean para que los solares se repartan entre los dichos vecinos y pobladores que al presente hay y adelante vinieren a pedir población o vecindad. Mandó se señalen y midan las huertas, prosiguiendo desde la dicha ciudad río abajo que pasa por junto a ella hasta adelante de las dichas huertas hacia el camino de las minas de Guanajuato a los Lagos.
“Y para los ejidos dio un pedazo de tierra el asiento de la Estancia de Señora, en lo que están unos ojos de agua, todo Ciénega, y para caballerías de tierras de labor, para repartir entre los dichos pobladores, señalaba y señaló desde una sauceda que está en los caminos de las minas de Comanja, toda la tierra que corre desde ella a La Loza, llevando siempre por cabezada, la cordillera de tierra, que va de las minas de Guanajuato a las de Comanja, y que de los solares y tierras, está presto de hacer repartimiento entre los vecinos y pobladores, según uso y costumbre de otras ciudades o villas con los cargos y preeminencias contenidas en la merced que por Su Excelencia se les hizo en nombre de Su Majestad a la dicha población, conforme a lo que Su Excelencia manda.
“Presentes los dichos, dijeron estar contentos, siendo testigos Cristóbal Martín, Pedro López y lo firmó el dicho señor alcalde de Corte, doctor Don Juan de Orozco, ante mí, Miguel Arévalo, escribano de su majestad.
“En este dicho día, mes y año susodicho, viernes por la mañana, día del señor San Sebastián, después de haber señalado la plaza y demás sitios, dichos en la parte de uso, se puso un altar y se dijo Misa, y después el dicho señor alcalde de Corte dijo e propuso a los vecinos que en prosecución de su asiento, para que hubiese personas, se les ayudasen y favoreciesen en justicia y razón de entre ellos se eligiesen cuatro regidores, teniendo en consideración que fuesen los más ancianos y honrados, los cuales en conformidad dijeron que para este presente año en mil quinientos setenta y seis, elegirán y eligieron a Juan Martín de la Rosa, Duarte Jorge, Pedro Gómez y Juan Alonso de Torres, los cuales son personas beneméritas, y pidieron a dicho señor alcalde de Corte, les admita en nombre de su majestad para usar los dichos servicios, el cual aprobó dicha elección, y les mandó elijan dos alcaldes, personas cuales convengan en sus consciencias.
“Y luego a los susodichos parecieron ante dicho señor alcalde de corte, y dijeron que su voto y parecer es que sean los dichos alcaldes, Antonio Rodríguez de Lugo y Agustín de Chagoya los cuales pedían se admitan a los dichos oficios.
“Otro sí, eligieron por el alguacil a Diego Frausto, vecino de la dicha Villa.
“Los firmaron testigos, Duarte Jorge, Pedro Gómez y Juan Alonso de Torres. Lo rubricó el dicho señor alcalde de Corte, doctor Juan de Orozco. Ante mí: Miguel Arévalo, escribano de su Majestad.




