
En el sentido más literal del término, volar en globo aerostático significa una experiencia ‘de altos vuelos’. Desde que la canasta se aleja de la tierra y comienza su desplazamiento por el cielo, la emoción y la adrenalina se mezclan la gélida mañana de noviembre y con los fogonazos que permiten al aerostato elevarse.
Este es un viaje por los cielos guanajuateses durante el Festival Internacional del Globo (FIG) en la aeronave número 120.
Michael O’Brien es un piloto oriundo de Michigan. Bautizó a su globo aerostático como ‘Ezy Riyer’, en homenaje a la canción de Jimi Hendrix. Creado en 2005, lo ha acompañado en varios festival de globos alrededor del mundo, entre los que destaca el de León, que siempre se lleva a cabo durante el mes de noviembre.
Michael y su tripulación, conformada por compañeros suyos de Estados Unidos y jóvenes mexicanos voluntarios, comienzan a inflar el globo apenas sale el sol. Poco a poco el helio le va dando forma a la enorme figura de colores rojo, blanco y azul, que muestra a dos jinetes de polo.
Cuando por fin el globo se ha inflado y logra estabilizarse, el piloto y sus pasajeros pueden subir a la canasta. Es entonces que se empieza a elevar. Primero lo hace lentamente, y después está a varios metros del suelo.
Toda la ciudad parece una maqueta: los edificios, las casas de las colonias ubicadas en los alrededores del Parque Metropolitano (Rivera de la Presa, Los Castillos, Cañón de la India), la presa, los bulevares. Entre las nubes otros globos se cruzan. Los hay con motivos publicitarios, pero también con forma de ardillas o el monstruo de Frankenstein.
Michael O’Brien permanece concentrado, manejando el tanque de aire caliente. Constantes llamaradas permiten que el ‘Ezy Ryder’ viaje entre las nubes. Se trata de un viaje que se extiende en cuatro direcciones y tiene los cuatro elementos: la tierra, el aire, el agua de la presa y el fuego. Todo en sincronía.
Después de un rato en el cielo, llega el momento de aterrizar. O’Brien busca un lugar lo suficientemente amplio, hasta llegar al patio del Centro de Salud de la colonia Rivera de la Presa. Con un pequeño golpe toca el suelo. Decenas de niños y familias se aglomeran alrededor del globo, tomándose selfies con la inmensa figura. Apoyado por un GPS, el resto de la tripulación llega al lugar a bordo de una camioneta y guardan el globo, de regreso al Parque Metropolitano. Michael y su tripulación reparten dulces a los niños.
Como bien dice la canción ‘Ezy Ryder’: “dice que el tiempo favorable te eleva más”. No puede ser más cierto.




