La vista desde una banca. Sentarse en el césped para adaptar un día de campo. Pasear en bicicleta, sacar a tus mascotas a caminar o simplemente leer bajo la sombra de un árbol.
En tiempos de pandemia, todas esas actividades habían quedado suspendidas en los parques emblemáticos de la ciudad de León como el Parque Hidalgo o el Parque México.
Pero hoy, la finalización de la jornada de distanciamiento ha permitido que la gente vuelva a visitarlos, aunque aún sin su ritmo habitual.
Andrés Suárez es un personaje único. Es natural de la colonia Obrera que realiza ejercicio de manera regular. A sus 68 años no olvida montar la bicicleta y hacer algunas rutinas con estiramientos en su visita al Parque Hidalgo.
«Yo era un niño (cuando venía por primera vez) así es que en aquel tiempo estaba diferente, no había pavimento (risas), era más natural en ese tiempo», asegura sobre un parque del que ha visto pasar la historia.
Un lugar de afluentes desde hace más de un siglo, cuando fue bautizado en 1910 como ‘Padre de la Patria’, de manera popular, el Parque Hidalgo ha recibido tanto a los oriundos de la región, como a visitantes.
Sayra Vázquez es una de ellos. Viene de Celaya pero tiene una casa cerca.
Como muchos visitantes estos días, ha encontrado un refugio para hacer ejercicio en el lugar, con rutinas de escaladora, abdominales y correr, que se pueden hacer con máquinas en varias zonas de la parte este y oeste.
«Está muy bien adaptado, todas sus máquinas están funcionables», dice.
No es la única que hace ejercicio aprovechando las instalaciones.
Brandon Vázquez, es otro de los que lo realizan. Es visitante de la colonia
San Antonio. En el lugar, se reúne con jóvenes para hacer rutinas de ejercicios.
«Pusieron los juegos, los aparatos y todos creían que nada más era venirse a divertir, pero también es una forma de venirse a desestresar, haciendo deporte», asegura al preguntarle por la pandemia y cómo les ha afectado.
La mayoría de los que hacen ejercicio en el Parque no llevan cubrebocas, pero Brandon responde que se lo quitaron porque se les secó la boca, aunque sí los suelen utilizar.
La historia del parque corre a la par de los que lo conocen y han visitado por más tiempo.
José de Jesús Banda es de la colonia Piletas. Tiene la costumbre de visitar el parque con su hija y nietos pero en esta ocasión, producto de la contingencia, va solo, con su andador, que no es impedimento para hacer ejercicios.
«Me encanta venir a hacer ejercicio, a veces hay unas chicas que ponen bocinas, bailan y hasta me juntan con ellas».
José expresa su preocupación porque no todos llevan cubrebocas: «me tengo que proteger, aunque la gente está incrédula, de todos modos hay que protegerse, esta situación no creo que sea inventada».
De todos modos, él aprovecha las máquinas, al igual que los niños los ‘jueguitos’: «Hace muchos años había jueguitos pero nos cobraban a la entrada, pero ahorita ya es libre, y está muy bien, mis respetos».
Como él, Alejandro García, es otro visitante que visita el parque de manera común, aunque no tan constante. Hoy, está sentado leyendo la biblia bajo un árbol, mientras come una torta, en busca de trabajo.
Su historia también tiene familias visitando el lugar, como la que puede llevar los domingos, aunque, al igual que José, ha notado sucesos de inseguridad.
«He visto dos o tres cosillas que sí hay robos, tratan de quitarle a uno lo poquito que traen, a mí no, pero he visto a señoras grandes, no hace mucho».
«Se me ha hecho tranquilo entre comillas, claro que tiene que estar uno cuidándose, pero se me hace tranquilo para leer, porque no hay perturbación».
El Parque Hidalgo no es muy diferente a otro lugar emblemático: el Parque México, aunque la dinámica regular de cada uno tiene sus particularidades.
En el parque del sur de la ciudad, suele haber más estudiantes, jóvenes, pero también existen visitantes de la tercera edad.
No deja de ser como todo parque, dice Andrés.
«El parque es parque, la gente viene a distraerse, a usarlo como un espacio para deporte, y según las épocas y años, se ha ido transformando porque las personas cambian».
«En el hecho social, la humanidad, es un espacio de su vida, un parque, imagínate, es la convivencia, la razón de ser», menciona.
Su ejemplo no deja de ser representativo de muchos casos que han vuelto poco a poco a los parques en estos días: «Vivo aquí cerquita, casi es mi casa (risas)», ironiza.
A final de cuentas, ambos lugares cumplen con una función social, de
esparcimiento que se empieza ver con familias visitando el lugar, matrimonios o parejas que aunque hoy no están tan presentes, prometen regresar pronto.



