jueves, agosto 27, 2026
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ES FRÁGIL UNA SOCIEDAD DIVIDIDA

Una sociedad cualquiera, debe conocer el riesgo de fragmentarse en el contexto global; una agrupación cualquiera que sean sus fines, sucumbirá si quienes la integran son incapaces de unirse en lo fundamental. Por fundamental debe entenderse esencial, esto es, conservar los elementos que le dan identidad.

El Estado mexicano cobró fuerza y calidad moral en el contexto internacional, cuando unido en lo fundamental, fue capaz de crear un instrumento aglutinador teniendo como base la inclusión. Un pueblo o una familia prosperan cuando son capaces de apreciar la disciplina como un camino a la libertad.

Un pueblo incapaz de aceptar el imperio de la ley, con las características inherentes a la naturaleza de la norma jurídica, como la historia lo demuestra, se encaminará inviablemente a la desigualdad y bajo el imperio de esta condición, pronto perderá sus opciones de libertad y felicidad.

Ninguna agrupación humana puede vivir en la desesperanza y con su aspiración esencial frustrada, pues la incapacidad para lograr los bienes de la civilización y la cultura, acabarán sumiéndolo en la miseria, sin proyecto de nación ni de familia.

No debemos renunciar a la posibilidad de vivir los valores, pues sin ellos, la esperanza de lograr niveles cada vez mayores de libertad y felicidad será cancelada. Empero, ese proyecto eminentemente humano, requiere del consenso, porque no puede, el ser humano, vivir aislado. El peligro es que las élites que la naturaleza marcó para la conducción, pierdan el rumbo y se encaminen a la satisfacción individual, apeteciendo en forma desmedida el sometimiento del grupo, a su interés.

Organizarse para recuperar el aprecio por los valores, es el único medio para que el grupo social, se recupere de su extravío. Unirse en torno a lo fundamental, será priorizar la educación en su acepción más amplia y la salud, como objetivos a realizar, para progresar como especie, con ello se priorizaría el ser sobre el tener.

Nadie puede negar la importancia de la riqueza; pero tampoco que su mala distribución, ha generado desigualdad suicida; que ha generado violencia social, cuyo origen y cura parecemos estar lejos de asumir con claridad.

La unidad para lograr avances sustanciales en educación y salud, cuyos objetivos deben estar estrechamente unidos, es obligación de todo ser humano que sienta la responsabilidad, de ser en el universo, capaz de darse cuenta de su grandiosidad y de la tragedia que significa destruir, en nombre del lucro, la casa común.

Salvaguardar y cuidar: la ciudad, el Estado y el país, para  impulsar la evolución del grupo social al cual nos debemos, es sin duda, la enorme responsabilidad ética, que deberá asumirse, si se desean acuerdos en lo fundamental. Lograr la unidad  social en la diversidad, para  propiciar el advenimiento de la paz social con justicia, sería una gran victoria, sobre la adversidad que nos lastima.

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