Una semana más en este obligado cautiverio, mientras que el famoso bicho invisible sigue haciendo de las suyas. Y en medio de este silencioso caos, también nuestras máximas autoridades siguen dando de qué hablar, poniendo a manera de justificación, el escudo del COVID-19.
Antes de continuar con nuestras sanas observaciones (ya me puse gel en las manos antes de escribir) he titulado a esta columna con el nombre del disco del famoso cantautor catalán Joan Manuel Serrat (por aquello de los derechos de autor).
Continuando con estas virulentas líneas, comenzaremos refiriéndonos al Síndrome de Robin Hood que parece haber atacado a nuestro Gobierno del Estado, que en un grito desesperado por ayudar al gremio empresarial, comienza a pedir préstamos millonarios para ayudar a los que todo tienen, mientras que a la clase media, aquel sector social que año con año es olvidado por la autoridad, sigue siendo saqueada, impuesto tras impuesto, para pagar dichos empréstitos, obviamente sin recibir nada a cambio, ni siquiera un miserable gel antibacterial, y como cereza del pastel, se le ocurre adelantar los aguinaldos a los servidores públicos, obviamente de forma unilateral, ya que en ningún momento se les pidió opinión a dichos servidores públicos, quienes, dicho sea de paso, tienen garantizado su salario, sus prestaciones y hasta la gasolina de sus vehículos en jornada laboral, pasándose por debajo del arco del triunfo el hecho de que para hacer cambios en las condiciones laborales de los contratos de trabajo, tiene que haber el consentimiento expreso de ambas partes.
Por otro lado, parece que al alcalde del Ayuntamiento de León le importa un soberano pepino el Principio de Supremacía Constitucional y Jerarquía de Orden Normativo, al imponer multas de hasta 8 mil pesotes por no llevar cubrebocas en la vía pública, sin considerar la violación a las garantías individuales, dándonos a manera de disculpa, un jugo y una torta de queso de puerco en época electoral.
Y en medio de esta crisis económica y de salubridad, se observa, entre lágrimas y risas, que todo ha bajado (servicio de recolección de basura, unidades de transporte público, entre otros servicios básicos), pero lo que no ha bajado son los impuestos, las multas, y sobre todo, el índice delictivo, y a pesar de la baja en varios servicios, los precios siguen estando igual.
En fin, esperemos que nuestros máximos representantes reflexionen, y recuerden que “el sur también existe”. Con tantas violaciones a nuestros derechos, más que gel, necesitaremos vaselina.




