QUÉ TAN INEVITABLE ES LO “INEVITABLE”

Hace como 30 kilos, el escribano escuchó a un teólogo  hacer la siguiente afirmación: “La mejor estrategia del demonio consiste en que, todo mundo habla de él –películas, libros, comics, series  de televisión, novelas, telenovelas, Devil shops y hasta ropa interior- pero nadie cree en él”

Aplicada esta máxima a lo que está sucediendo en el panorama electoral de México, podríamos asegurar que surgen cosas, actores y coyunturas que parecieran “inevitables”, que ya sea por encargo, compra-venta o consigna de propaganda, nos hacen pensar que existe una especie de determinismo estadístico que hace “inevitables” ciertas tendencias, y por ende, ciertos resultados rumbo a la elección presidencial.

En esta “teoría de la inevitabilidad” han sucumbido una buena cantidad de comunicadores, analistas, opinócratas, liderazgos políticos y “cuartos de guerra”.

LA TENDENCIA “ES INEVITABLE”

Desde meses atrás al arranque formal del proceso comicial mexicano, surgieron opinólogos que juraban delante de Huichilopoztli, que el hombre de Tabasco propietario de Morena, dirigiría los destinos nacionales en las elecciones por la presidencia de México.

“Es inevitable”, decían, porque así lo marcan todas las encuestas; porque los analistas establecen que, después de que ese hombre será por tercera vez candidato, la gente considera que es el más conocido.

Algunos otros, destacaban que el señor de Macuspana –región del Estado de Tabasco- está envuelto por un “halo de cambio”, en “olor de santidad” cuando asegura que al aliarse a él y prometerle lealtad absoluta, se perdonarán todos los pecaditos y pecadotes de delincuentes y/o funcionarios corruptos.

No pocos analistas sostenían que, el hombre que ha vivido por más de una década del erario público destinado a campañas para ser elegido como presidente de la República Mexicana, (www.cronica.com.mx/notas/2017/1019863.html – 20 abr. 2017 ) era “prácticamente inevitable” que no fuera de los candidatos que los mismos medios habían calificado como puntero.

Ciertamente, el mesías tropical –como lo llamó el maestro Enrique Krauze- tiene en sí mismo, a su peor enemigo. Es la contradicción en sí mismo. Dice una cosa y al día siguiente establece, sin inmutarse, exactamente lo contrario.

TODO IBA BIEN, PERO…

El “Síndrome de la Inevitabilidad” empezó a permear en la sociedad mexicana. No pocos liderazgos empresariales, de organismos de servicio, colegios de profesionales, académicos y hasta instituciones clericales –recuérdese el origen Evangélico-Confesional del PES –Partido Encuentro Social- jalaron a una cantidad importante de cristianos a simpatizar con Morena, partido en el que militan no pocos come-curas-al-mojo-de-ajo, pro abortistas, impulsores de las uniones del mismo sexo (léase Claudia Sheimbaum y Martha Lamas, entre [email protected], que piden a los curas algo así como: “saquen sus Rosarios de nuestra vaginas”) y del Club de Fanáticos del Estado Laico decimonónico y oscurantista. Esos tales empezaron a inclinarse por la candidatura de “ya sabes quién”.

Evidentemente, muchos de aquellos que tienen jugosos negocios a la sombra y cobijo del viejo o del nuevo PRI, empezaron a simpatizar, “pero más despacio”. No faltó quienes organizaran algunos eventos “a modo” para incensar al tabasqueño… “Por si acaso lo hacen  presidente”.

EN EL MEDIO TIEMPO

La venta del avión presidencial, la suspensión del nuevo aeropuerto, las descortesías con el Consejo Coordinador Empresarial; la cacería de brujas contra los dueños del dinero asociados con funcionarios priistas; la pena ajena de los mexicanos durante la exposición del tabasqueño con los inversionistas estadounidenses; la posición de éste frente al DACA, los dineros regalados a los que no estudian ni trabajan; los “ahorros” de 500 mil millones de dólares; los respaldos a las tropelías de la CNTE; el pleito con Carlos Slim y el ridículo –silencioso ridículo- que jugó en el primer debate de los presidenciables, han hecho pensar a propios y extraños que lo “inevitable” no existe…y menos en política. Al tiempo.

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