“Me propuse hacer independiente a mi Patria, porque este era el voto general de los americanos”
Agustín de Iturbide
Existen fechas en nuestro país que son recordadas y festejadas aunque haya quienes no sepan a ciencia cierta qué se conmemora. El 5 de mayo y el 16 de septiembre son sólo dos ejemplos de días escritos con letras mayúsculas en la lista de efemérides mexicanas. También hay fechas que no son recordadas o se les da la mínima difusión a pesar de ser sumamente importantes. La historia generalmente se nos ha dado sesgada en las versiones oficiales, haciéndonos creer muchas veces que hubo hombres buenos puros, inmaculados, luchando contra auténticas encarnaciones del demonio a los que no se debe ni mencionar porque se nos vayan a aparecer otra vez.
A algunos personajes de nuestra trayectoria como nación se les ha elevado casi a los altares, a otros, por el contrario, se les ha denostado hasta el cansancio sin reconocérseles un solo mérito, uno de estos últimos es Agustín de Iturbide, una figura histórica relevante a la que se ha buscado enterrar por todos los medios y si se le menciona es la mayoría de las veces para resaltar los aspectos negativos.
Tradicionalmente la noche del 15 de septiembre de cada año se celebra el inicio de la lucha encabezada por el cura Miguel Hidalgo la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, Guanajuato. Hidalgo se lanzó contra el “mal gobierno” sin hablar de independencia. Al morir el nacido en la hacienda de Corralejo y otros caudillos importantes como Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez, fue Ignacio López Rayón quien se encargó de comandar las tropas rebeldes que aún quedaban después de desastrosas derrotas, como la de Puente de Calderón. Sin embargo, la insurgencia vio en el cura de Carácuaro, José María Morelos y Pavón, al hombre ideal para impulsar la causa libertaria, pues con él ya se peleó abiertamente para conseguir la independencia del territorio novohispano.
Al ser fusilado Morelos en 1815 el movimiento decayó, el español Xavier Mina llegó a tierras americanas para combatir del lado independentista, pero también fue pasado por las armas en 1817. Fueron pocos líderes insurgentes los que mantuvieron encendida la llama de la esperanza por conseguir la emancipación, Vicente Guerrero, uno de ellos.
Es finalmente Agustín de Iturbide, un antiguo oficial realista, quien acabaría por darle la independencia a México. Iturbide participó en la conspiración del templo de La Profesa junto con otras personalidades que vieron la conveniencia de separar a la Nueva España de la Corona. Con una insurgencia agónica, Iturbide invitó a Vicente Guerrero a unírsele para poner fin a la lucha armada y dotar de autodeterminación a la hasta entonces rica colonia española.
Con la promulgación del Plan de las Tres Garantías o de Iguala, autoría del propio Iturbide, se da un paso contundente para dejar de depender del imperio ibérico. Es incuestionable que los diferentes acuerdos logrados por Iturbide gracias a su capacidad negociadora lograron la emancipación de México, lo que no se le ha reconocido a cabalidad.
El 27 de septiembre de 1821 entró Iturbide con el ejército trigarante a la Ciudad de México, consumando la autodeterminación del territorio novohispano, y el 28 se firmó el acta de independencia del imperio mexicano. Desafortunadamente dichas fechas, junto con Agustín de Iturbide, están prácticamente olvidadas para la gran mayoría de la población, cuando ahí comienza realmente la vida soberana de la nación mexicana.
Desgraciadamente los gobernantes de todos los tiempos siempre buscan que resalten en mayor medida aquellos personajes y acontecimientos que más se acomodan a su ideología o intereses, incluso creando mitos. Al final nos dan una historia a modo y al paso del tiempo acabamos por creer que es tal como nos la han dicho, nos dan digerido a los “héroes” y a los malos, es decir, el protagonista y el antagonista. Pero la historia debe incluir todo, no se pueden esconder debajo de la alfombra los merecimientos o los errores de quienes han construido un país, así como los hechos auténticos. “Olvidar” fechas significativas por sistema es faltar a la verdad histórica y sin ésta no podemos tener un panorama completo de nuestro camino como pueblo.




