domingo, agosto 30, 2026
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El niño que nunca volvió

El próximo domingo será día del padre, y como es habitual en esta columna desde 2020, se recupera el caso de un crimen mediático en el que un progenitor hizo hasta lo imposible porque su hijo fuera rescatado de un acto delictivo, o en el peor de los casos, que se hiciera justicia por su infanticidio.

Una de las desapariciones que hicieron eco en todo el mundo a inicios de los años ochenta del pasado siglo, fue el de Etan Patz, quien a sus seis años se fue de casa y nunca se le volvió a ver. Todo lo que ocurrió fue un circo mediático que hasta el día de hoy se recuerda de forma estremecedora. Esta es la historia.
El 25 de mayo de 1979, la familia Patz, que vivía en el barrio de Soho de Nueva York, se preparaba para un día cualquiera: Ari, la hija mayor, desayunaba mientras que Julie hablaba con su esposo Stan, quien era fotógrafo profesional.

El hijo menor, Etan, quería irse a tomar el autobús escolar solo, porque decía que ya estaba grande. Los padres lo permitieron, ya que después de todo, solamente eran 2 cuadras y 200 metros hasta la parada de camión. Su madre vio cómo el niño se perdía entre la multitud neoyorquina.
Pero horas después, se dieron cuenta que no volvió ni a la escuela ni a la casa.
El matrimonio Patz empezó una frenética búsqueda.

Cien policías con perros peinaron el vecindario, y los medios de comunicación reportaron el caso en todo el país y parte del mundo. No faltó quienes juzgarán a los padres por dejar ir solo al niño, y quienes los defendían. Era una noticia viral décadas antes de que se conociera el concepto.

Hubo infinidad de sospechosos. Uno de ellos fue José Ramos, quien era novio de una niñera que cuidó a Etan y tenía antecedentes de abuso a menores, pero jamás se encontraron pruebas contundentes.

LECHE Y ANUNCIOS
Entonces, se ideó una táctica hasta entonces poco usada: imprimir la cara de Etan En los cartones de leche, alimento que consumían todas las familias de todo Estados Unidos.

Fue uno de los primeros casos en el mundo que se usó. Recordemos que, en México, en los ochenta era más común el segmento ‘Al servicio de la comunidad’ donde se mostraban fotos de personas desaparecidas narradas por la voz del actor Melquiades Sánchez.

Entonces, transcurrieron los días, que se convirtieron en semanas, luego en meses y más tarde en años. La pareja nunca se cambió de casa ni cambió el número telefónico, por si un día el niño regresaba. Fue declarado oficialmente muerto en 2001, pero su padre nunca quiso cerrar el caso.

Entonces, en 2012 un obrero llamado Otoniel Miller llamó a la policía, denunciando que su cuñado, Pedro Hernández, presumía que mató a un niño con las descripciones de Etan. Entonces, fue detenido y llevado a juicio, donde confesó que convenció a al niño para ir a una casa abandonada, donde lo estranguló.

Después lo envolvió en una bolsa de basura y lo tiró. El infanticida padecía de sus facultades mentales y tenía un coeficiente de inteligencia muy bajo, y aunque su abogado quiso declararlo inimputable, se le sentenció a 25 años de cárcel.

Las palabras que el señor Stan Patz dijo a Hernández al terminar el juicio fueron estremecedoras: “Después de todos estos años sabemos el oscuro secreto que has guardado en tu corazón. Tomaste a nuestro precioso hijo y lo tiraste a la basura. Nunca podré perdonarte y el Dios al que le rezas tampoco te perdonará. Ya sé cómo es la cara del diablo”.
El impacto mediático de los hechos fue crucial. Hoy en día, cada 25 de mayo se conmemora el Día Internacional de las y los Niños Desaparecidos (primero fue solamente en Estados Unidos, declarado por el presidente Ronald Reagan) y sobre el tema han surgido documentales, libros y películas. El más nuevo fue la serie ‘Eric’ que retoma varios hechos y la estelariza Benedict Cumberbatch.
Sin duda, historias como esta nos recuerdan el terror que nos inspira la desaparición de un ser querido.

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