miércoles, septiembre 2, 2026
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EL MIEDO NO ANDA EN……

Una expresión coloquial que, como la inolvidable “India María” salió corriendo, porque “el miedo no anda en burro”.

Es una analogía referente a la actitud que cualquier persona realiza frente al miedo, contraria a la actitud de un burro, que es tranquila y en ocasiones hasta obstinada.

La respuesta que nuestro sistema nervioso realiza ante diversas situaciones es controlada por   el sistema emocional y está programado para tomar una decisión en momentos de peligro.

Es una respuesta fisiológica de lucha o huida (fight or fly en inglés), frente a la percepción de daño, ataque o amenaza a nuestra vida.

Descrita por el fisiólogo estadounidense Walter Bradfor Cannon que con Phillip Bard investigaron las funciones del sistema nervioso en especial cómo el cerebro mediaba el control de las emociones.

La parte del cerebro que controla los sistemas conocidos como simpático y parasimpático, esta localizado en la región límbica. Es la zona del cerebro que dirige nuestras emociones y nuestras sensaciones más primitivas: aquellas relacionadas con la supervivencia (como por ejemplo el miedo y la ira) y con las sensaciones del ser humano en torno a nuestro comportamiento sexual. De hecho, muchos científicos han llegado a llamarle el ‘cerebro reptil’ puesto que se encarga de nuestros instintos más básicos.

El término ‘límbico’ fue acuñado en el año 1878 por el médico y científico francés Paul Broca, para designar un área compuesta por tres estructuras cuya función está relacionada con el aprendizaje, la memoria y las respuestas emocionales.

Después de este breviario cultural médico, podemos entender el porqué los seres humanos  reaccionamos de diversas formas. Ante la pandemia las actitudes de muchas personas han sido de huida, de refugiuo, aislamiento,  para evitar enfermarse y contribuir a al aumento en la propagación del virus.

Pero no todos tenemos esa actitud de cuidado y de respeto por nuestros semejantes.

Algunas personas se transforman  en el arquetipo del dios Ares, guerrero griego. Representado por el loco en las cartas del Tarot, que simboliza al individuo que carece de consciencia de si mismo, es decir de inmadurez.

Por tal motivo, ignora lo que sucede,  retando al mismo tiempo a la sociedad y a la autoridad. Desconocen y no aceptan los riesgos  que, el tan afamado, contagioso y letal coronavirus SARS-2 o, Covid-19, puede hacer.

Así, vemos que muchas personas no usan cubrebocas. Se reunen en diversos sitios,  haciendo caso omiso de las indicaciones de la sana distancia y protección. Acuden a los consultorios con la familia completa, incluyendo a la abuela, la madre e hijos. Solo falta la mascota.

Dejan actuar sus cerebro reptiliano, para no huir y retar a la sociedad. Seguir las acciones que no dan ejemplo, a los abrazos y besos; a no usar protección que cubra la cara con mascarillas. El pretexto es que no pasa nada, porque el Presdiente AMLO no usa cubrebocas.

Hay ambigüedad .

El miedo como manifestación puede que si ande en burro, pues la pandemia sigue su curso y hoy los contagios aumentan y van en un carro de fórmula uno, pero el miedo no ha provocado una reacción contundente. Este sentimiento nos invita a ser precavidos, a verificar antes de actuar. Hoy solo parece un espectro. Una simple señal que indica peligro, pero que como los límites de velocidad, hacemos caso omiso y circulamos mas allá del límite indicado por la norma.

Así somos los mexicanos, imprudentes, reactivos, retadores.

Nuestros actos tendrán consecuencias. Las estamos viendo. En el ámbito de la salud. Los costos elevadísimos por el tratamiento de las complicaciones, los contagios y la afectación de médicos, enfermeras y personas que laboran en los centros de atención a la salud. La escasés de medicamentos y de espacios para el tratamiento de las enfermedad respiratorias graves. La irresponsabilidad que mata y afecta a otros en sus familias. Las muertes ocasionadas.

Las secuelas  económicas  provocadas tanto por la enfermedad como las medidas para evitar el contagio.

Nos vale, siempre nos a valido. Pero no solo eso, permitimos que suceda porque siempre actuamos como víctimas.

Queremos que nos ayuden, que el gobierno lo resuelva y nosotros como Juan sin Miedo, en el cuento infantil, pensamos que nada nos puede ocasionar temor, hasta que recibamos un balde de agua fria en la cabeza.

Por que hemos actuado como víctimas para obtener un beneficio, sin entender que somos cómplices de lo que hemos permitido.

Más vale que sepas que el miedo puede ayudar a rescatar  este país, nuestra salud y nuestra vida, si comprendemos que no hay loco que coma lumbre ni burro que no se mueva rápido.

¡Hasta la próxima!

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