
Comenzamos el fin de semana con la fatal ero esperada noticia, de la renuncia del Director de Policía de Celaya, el Comandante Ramos Ramos, la cual pareciese que fuese como consecuencia del atentado en el que se vio envuelto, dejando como resultado a dos de sus escoltas heridos de gravedad, y un vehículo blindado con más agujeros que un queso gruyere.
Nuestro querido ex Director de Seguridad Pública de León, aprendió en carne propia que el mejor tratamiento laxante contra el estreñimiento es una buena ronda de balas al estilo siciliano. Con la salida de tan prominente Director, veremos que nos depara la caja de Pandora al nombrar al sustituto de Ramos Ramos, esperando que no vuelvan a jugar a la papa caliente como si fueran niños de parvulario, y ahora lo reasignen a otro Municipio.
Y continuando con cosas tristes, vemos que en la lista de popularidad, hemos alcanzado dos primeros lugares a nivel nacional, encabezando la lista de los Estados con mayor número de muertes dolosas, así como el Estado con mayor número de oficiales de policía fallecidos en el cumplimiento de su deber. Con tan alarmantes posiciones pasaremos de ser una ciudad industrial, a un enorme campo santo.
Y para cerrar con broche de oro de la enorme lista de barbaridades de nuestras competentes autoridades, vemos con tristeza, la aprobación de la nueva Ley de ingresos del próximo año, el cual contempla aumentos en el impuesto predial. Con estos abusos, las personas ya no tendrán “ni en qué caerse muertos”, ya que los centavos no les alcanzarán para pagar su terrenito en el panteón, y con tantos homicidios, esto se volverá un verdadero círculo vicioso.
Ante tan funesto panorama, el que estas líneas escribe, recuerdo un poema del maestro Julio Sexto, titulado “las abandonadas”, el cual textualmente cita: “cómo me dan pena las abandonadas, que amaron creyendo ser también amadas… tal parece que nuestros ilustres gobernantes abandonaron a su suerte a sus votantes, quienes, al igual que el poema, “creyeron ser también amados”.
Y continuando con esta joya de la literatura hispanohablante, el mismo poema nos narra: “cómo hay quién derribe del árbol la hoja, y al verla en el suelo ya no la recoja, y hay quien a pedradas tire el fruto verde, y lo eche rodando después que lo muerte… Por las calles ruedan esas tristes frutas… y en sus pobres cuerpos antaños surgentes, llevan la indeleble marca de sus dientes… y en medio de tantos rigores, hay quien al hablarles, se atreva de amores… y hay quien se vuelva su postrer verdugo, queriendo exprimirlas si aún les queda jugo…”. ¡Ay, cómo me dan pena mis conciudadanos, que amaron creyendo ser también amados!, y al paso que vamos, nuestras autoridades seguirán exprimiendo la última gota del jugo, dejándonos en el puro bagazo.
Y en medio de este comportamiento carroñero, no sería de extrañarnos llegar a compararnos con el gobierno del célebre personaje Don Antonio López de Santana, quien cobraba impuestos incluso por las ventanas que adornaban a las casas. Habrá que revisar el árbol genealógico del alcalde, para verificar si no existe algún parentesco lejano con este histórico personaje, y si así fuese, no nos debería de sorprender que después de sus canallerías, se fuera a refugiar a su hacienda de Manga de Clavo (ese era el nombre de la hacienda de Don Santana, lo cual aclaro para nuestros queridos lectores políticos, para ayudarles a que se cultiven un poquito).
Y al igual que en la batalla del Alamo, donde los hermanos texanos le gritaban al tirano “remember the Alamo”, la ciudadanía leonesa gritara algo semejante en las próximas elecciones, donde se tratará de repetir el mismo cuento de hadas de toda la vida: convencer al ciudadano de que vote por el Partido Político que se encuentra en el poder, y así repetir la larga trayectoria de abusos y atropellos patrimoniales en perjuicio de los gobernados.
Mientras tanto, pidamos con devoción que ya no vaya a tener más ocurrencias nuestro máximo Edil, ya que, de seguir con sus tan esquizofrénicas ocurrencias, ya no nos va a dejar ni el gabazo, y quizás tan sólo la pura cáscara. ¡Ay, cómo me dan pena mis conciudadanos, que votaron, creyendo ser también amados!.
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